COPE
La nutricionista Júlia Farré ha arrojado luz sobre una creencia popular en el mundo de la alimentación: no todo el salmón que encontramos en el supermercado es rico en omega 3. A través de sus redes sociales, la experta ha explicado que la calidad de este pescado "no tiene nada que ver con la marca, sino con otros factores" que son determinantes para su valor nutricional. La clave, según Farré, reside en la alimentación y el entorno del pez. El omega 3 no es una sustancia que el salmón genere por sí mismo. "El omega 3 no lo produce el propio salmón, tiene que ver con la alimentación que sigue y el ejercicio físico que realiza", señala la experta. En este sentido, el salmón salvaje es el ejemplo perfecto, ya que su dieta se basa en krill y algas, que son precisamente la fuente original de este preciado ácido graso. Sin embargo, el salmón salvaje no siempre es accesible para todos los consumidores. Para aquellos que optan por el salmón de piscifactoría, Júlia Farré ofrece una guía práctica para tomar la mejor decisión de compra posible. La nutricionista asegura que "hay una manera de saber si el salmón de piscifactoría es de buena calidad", y para ello, es fundamental revisar la etiqueta del producto. "Para que el salmón sea rico en omega 3, debes fijarte en estas dos cosas", afirma Farré, resumiendo su consejo principal. Estos dos indicadores en el etiquetado son la mejor herramienta para que el consumidor pueda aumentar las probabilidades de llevarse a casa un producto con un alto contenido de este nutriente. El primer aspecto a verificar es la presencia de un sello de sostenibilidad. Ferre menciona como ejemplo el sello ASC (Aquaculture Stewardship Council), que certifica que el pescado proviene de una acuicultura responsable. Aunque no es una garantía absoluta sobre el nivel de omega 3, sí sugiere unas mejores prácticas en la cría del animal, lo que puede influir positivamente en su alimentación. El segundo factor clave es el origen del salmón. La recomendación de la experta es buscar aquellos cuyo origen sea del Atlántico. Según explica, elegir un salmón con esta procedencia "mejora las probabilidades de que sea rico en omega 3". De esta forma, prestando atención a estos dos sencillos detalles en la etiqueta, los consumidores pueden realizar una compra más informada y asegurarse de que el salmón que consumen cumple con sus expectativas nutricionales.
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