Cope Zaragoza
La inteligencia artificial ha creado una nueva generación de multimillonarios. Hasta ahora, las grandes fortunas procedían del desarrollo de la infraestructura de esta industria, con gigantes como NVIDIA o OpenAI. Sin embargo, según analiza el economista Juan Ramón Rallo en sus redes sociales, está emergiendo una "segunda hornada de nuevos ricos" que no crea la tecnología base, sino que la utiliza para desarrollar aplicaciones prácticas que solucionan problemas concretos a los consumidores. El primer ejemplo es Harvey, una startup valorada en 11.000 millones de dólares cuyos fundadores, Gave Pereira y Winston Weinberg, ya son milmillonarios. La compañía ofrece una suite de herramientas de IA para profesionales del derecho, que automatiza tareas como la investigación jurídica o la revisión de contratos. Su clave, señala Rallo, es que no desarrolla un modelo de IA propio, sino que especializa los ya existentes para el ámbito jurídico. En segundo lugar se encuentra Open Evidence, valorada en más de 12.000 millones de dólares. Fundada por Daniel Knutler y Sackaddy Zigler, ofrece un asistente de IA para médicos que ayuda a resolver casos clínicos complejos o a consultar la última literatura científica. La plataforma, que cuenta con el respaldo de la prestigiosa Clínica Mayo, ya ha sido utilizada para responder a más de 100 millones de consultas de pacientes. El tercer caso es Sierra, una compañía creada en 2023 por dos veteranos de Silicon Valley, Brett Taylor (exdirector técnico de Meta) y Clay Bavor (exresponsable de Google Apps). Valorada en más de 15.000 millones de dólares, fabrica software de atención al cliente impulsado por IA para clientes como la aseguradora Cigna. Su potencial reside en automatizar un sector con un enorme volumen de interacciones y costes laborales elevados. Ante la posibilidad de que los grandes desarrolladores como OpenAI o Anthropic creen aplicaciones similares y fagociten a estas empresas, Rallo argumenta que estas startups tienen "ventajas competitivas" que las protegen. No se trata solo de haber sido las primeras en llegar al mercado, una ventaja que podría ser "bastante frágil", sino de barreras más sólidas. La primera y más importante son los datos en exclusiva. Rallo explica que "los datos públicos que maneje una compañía no la protegen de nada, porque son accesibles para todos". En cambio, los datos propietarios que se renuevan continuamente, como las correcciones específicas que los usuarios de Harvey introducen en sus contratos, otorgan una ventaja competitiva sostenible. La segunda ventaja son los costes de cambio. Una vez una gran empresa como Cigna integra la tecnología de Sierra en sus sistemas, es reacia a cambiar de proveedor, salvo que la alternativa sea muy superior. Finalmente, la reputación es clave, como demuestra el respaldo de la Clínica Mayo a Open Evidence, un factor que genera confianza entre los profesionales médicos. Estos ejemplos demuestran que estamos en un "momento de profunda transformación tecnológica" donde se amasan fortunas resolviendo problemas reales. Según Rallo, la IA reduce "el umbral del capital mínimo necesario para generar nuevas y valiosas soluciones", lo que revalorizará la capacidad de emprendimiento. Lejos de una visión pesimista, concluye que, aunque la IA destruirá viejos modelos de negocio, también "posibilitará la emergencia de nuevos modelos", por lo que "lejos de enfrentarte a la ola, es mejor aprender a surfearla".
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