COPE
La decimonovena de San Isidro volvió a dejar una de esas tardes espesas de viernes donde el ambiente festivo de los tendidos pareció muy por encima de lo que ocurría realmente en el ruedo. Entre toros devueltos, sobreros, mucho volumen y escasa casta, la corrida terminó avanzando sin apenas emoción ni grandes momentos de fondo. Solo Alejandro Talavante logró tocar pelo gracias a una oreja liviana y protestada frente al quinto, mientras Morenito de Aranda dejó la actuación más sólida y comprometida de la tarde y Pablo Aguado se perdió definitivamente entre devoluciones, kilos y un lote imposible de recomponer. Morenito de Aranda comparecía plenamente consciente de la importancia de la cita y lo quiso dejar claro desde el mismo instante en que se fue a recibir al primero a porta gayola. El toro salió prácticamente andando del chiquero y el burgalés tuvo que esperar la embestida en un embroque de enorme compromiso antes de incorporarse en el momento exacto para sacar después al animal hasta los medios con un poder impresionante. A partir de ahí construyó una faena seria frente a un toro irregular, con algunas cosas buenas pero sin terminar nunca de entregarse del todo. Morenito sufrió incluso un pitonazo que le rompió la banda de la taleguilla al sorprenderle el animal en el inicio de una serie, aunque nunca perdió el sitio ni el tono de firmeza. El final a dos manos y, sobre todo, una gran estocada le valieron una ovación importante. También tuvo mérito su actuación frente al cuarto, un toro basto y de escaso atractivo visual que peleó largamente en varas y ofreció un comportamiento deslucido. Morenito logró, aun así, algunos momentos de calidad, especialmente por el pitón derecho, en una faena larga donde volvió a dejar patente su disposición y oficio. La espada cayó arriba, aunque el conjunto quedó enfriado por los dos avisos. Talavante encontró primero un segundo toro agresivo de cara pero completamente falto de transmisión. El extremeño lo recibió con seguridad y pronto entendió que el animal apenas ofrecía posibilidades reales de lucimiento. Abrevió con criterio tras una labor breve y sin contenido. La historia cambió parcialmente con el quinto, ya segundo sobrero de la tarde, un Torrealta bajo, agresivo de pitones y que fue sacando mejor condición conforme avanzó la lidia. Talavante comenzó de rodillas y fue construyendo una faena muy basada en el toreo en redondo y las cercanías cuando el toro empezó a agotarse. Hubo momentos de dominio y exposición entre los pitones, especialmente en el tramo final, aunque también división de opiniones en parte de la plaza por la forma de plantear la obra en distancias tan cortas. El toro tuvo un buen pitón izquierdo que dejó muletazos estimables, aunque quizá faltó mayor profundidad y ajuste en algunos momentos. La estocada contraria precedió a una oreja tras aviso recibida entre protestas de una parte del tendido. Pablo Aguado fue probablemente el gran perjudicado de la tarde. El tercero fue devuelto de manera precipitada tras perder las manos durante la pelea en varas y el sevillano tuvo que lidiar finalmente hasta cuatro toros. Antes de la devolución había dejado ya un bellísimo saludo a la verónica y una gran conducción al caballo por chicuelinas. El toro, de buena condición aunque escaso de fuerza, permitió después una faena muy suave y medida, donde Aguado volvió a dejar muletazos de enorme naturalidad y buen gusto antes de que el animal se viniera abajo definitivamente. Los pinchazos y la espada enfriaron por completo la labor. El sexto terminó convirtiéndose en un auténtico desfile de sobreros. Primero salió un Garcigrande de más de setecientos kilos, muy corpulento y mal andado, devuelto casi sin protestas. Después apareció un enorme Torrealta, cornalón y de amplísimas hechuras, completamente a contraestilo de Aguado. El sevillano apenas pudo justificarse frente a una embestida bronca, áspera y sin ninguna opción para el lucimiento. Tras enseñarlo brevemente tomó la espada para cerrar una tarde interminable, marcada por el exceso de kilos, la falta de raza y la ausencia casi total de emoción.
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