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«Pepa Flores (Marisol) tiene una situación económica privilegiada y puede hacer lo que quiera» | Collector
«Pepa Flores (Marisol) tiene una situación económica privilegiada y puede hacer lo que quiera»
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«Pepa Flores (Marisol) tiene una situación económica privilegiada y puede hacer lo que quiera»

Este pasado miércoles, una conocida revista publicaba que Pepa Flores, más conocida como Marisol , está atravesando un delicado momento. Según la revista, la malagueña tuvo hace cuatro meses «un ingreso hospitalario» que «le provocó una importante pérdida de peso», y ese susto habría llevado a sus hijas María, Tamara y Celia a reunirse para tomar algunas decisiones relacionadas con su futuro. Una de las medidas adoptadas pudo ser la reciente venta del ático que la intérprete de Tómbola poseía en la zona de La Malagueta, la playa más popular de la capital de la Costa del Sol. Otra, su traslado a casa de su hija menor, Celia, que se volcó en sus cuidados. «El piso lo ha vendido por más de un millón de euros, y también se ha desprendido de otras cosas que tenía», asegura a nuestro periódico una fuente bien informada. «Pepa tiene ahora mismo una situación económica absolutamente privilegiada y puede hacer lo que quiera». Eso sí, ante el revuelo que ha ocasionado la 'exclusiva', la prole de la protagonista envió un comunicado explicando que la información está «descontextualizada» , porque aunque es cierto que Pepa pasó por un proceso gripal en enero, «se recuperó favorablemente» hace ya meses y en estos momentos se encuentra estupendamente bien. Hasta la propia Pepa, que lleva la tira de tiempo sin dar entrevistas, accedió a atender a un reportero que acudió en su busca para decir que está «mejor que nunca». Sin embargo, son varias las personas de su entorno que cuentan que la artista de 78 años ya no es ni la sombra de lo que fue, y que viene arrastrando algunos achaques desde que en septiembre de 2023 perdiera repentinamente a su pareja de décadas, el italiano Massimo Stecchini. Según su biógrafo, el periodista y escritor José Aguilar, la malagueña sufrió entonces un importante bajón anímico, prácticamente hasta el punto de no tener ganas de salir a la calle. «El fallecimiento de Massimo ha sido algo brutal para ella, porque él era todo para ella», desliza a nuestro periódico. «Era una de las personas que mejor la entendían y además vivía absolutamente volcado en su vida familiar, aunque fuera joven todavía. De hecho, también se retiró antes de lo previsto porque quería dedicarle todo su tiempo a ella. El luto que Pepa ha vivido ha sido muy fuerte, porque es una persona muy sensible que quiere a los suyos de manera muy profunda». Hubo un tiempo en que Pepa era la persona más famosa de este país. Nacida en el seno de una familia muy humilde, con apenas ocho años se enroló en una compañía a la que un empresario contrató para hacer una gira por todo el territorio nacional. En 1959 fue descubierta por el productor cinematográfico Manuel J. Goyanes, quien se propuso lanzarla como la versión femenina de Joselito, entonces niño prodigio del cine patrio. Goyanes convenció a los padres de esta joven de hermosos ojos azules para que firmasen con él un contrato en exclusiva (por diez años) y enseguida se la llevó a vivir con él a su casa, en la calle María de Molina de Madrid. Desde el minuto uno le pusieron profesores de canto, baile, dicción, interpretación e idiomas, y para protagonizar su primer largometraje (Un rayo de luz, por el que fue premiada en el Festival de Venecia) le cambiaron el nombre y le tiñeron el pelo de rubio. De esa guisa, Pepa participó en un puñado de cintas que reventaron la taquilla y en varias giras que le permitieron sacar de la pobreza a sus progenitores. Pero también acabó harta de tanta jornada laboral eterna y de la presión de cumplir expectativas ajenas. Tampoco es que fuese un camino de rosas su trayectoria sentimental. En 1969 contrajo matrimonio con Carlos Goyanes, hijo de su descubridor y manager, seguramente pensando que así podría zafarse del yugo del susodicho. Aunque la pareja no estaba realmente enamorada y se separó de facto tres años después de la boda. Ya en 1973, Pepa fichó al conocido representante Paco Gordillo, que la liberó del contrato con Manuel. Fue en esa época cuando hizo teatro, representó a España en el Festival de la OTI y se enamoró como una adolescente del bailarín Antonio Gades, con quien tuvo a sus hijas y junto al que descubrió la política (se afilió al Partido Comunista y empezó a viajar por el país apoyando todas las causas revolucionarias). Luego, tras rodar el filme El poder del deseo (1975), se marchó a vivir a Altea, a una casa diseñada por su esposo, con quien se casó en Cuba, ante la presencia del mismísimo Fidel Castro, y junto al que empezó a llevar una vida bastante familiar. En 1976 fue protagonista de aquel histórico desnudo en Interviú, dos años después lanzó un aplaudido disco reivindicativo y feminista, y tras rodar el serial Proceso a Mariana Pineda (1984) y estrenar la polémica película Caso cerrado (1985) optó por jubilarse de su oficio. «Mi hombre está por encima de todo, quiero retirarme porque estoy desengañada de mi vida, quiero estar todo mi tiempo con Antonio Gades, huir con él, viajar sin rumbo fijo…», llegó a confesar a la prensa. Pero su hombre parecía tener otros planes, y más pronto que tarde la abandonó por una millonaria suiza llamada Daniela Frey. Tras repartirse sus bienes, Pepa se instaló en Málaga, donde se ennovió con Massimo, un amoroso relaciones públicas italiano que pasó años al frente de la pizzería El Trastevere, y empezó a ejercer de persona normal, cosa que llevaba años persiguiendo. De hecho, poco a poco desapareció de la vida pública sin hacer ruido. En las últimas décadas ha recibido montones de ofertas de trabajo, algunas de ellas millonarias, pero a todas ha dicho que no (como también ha rechazado dar exclusivas en prensa para rememorar su pasado). Ni tan siquiera se animó a recoger el Goya de Honor que la Academia de Cine le concedió en 2020. «Sinceramente, creo que el regreso de Marisol al mundo artístico es prácticamente imposible», cuenta el biógrafo, «salvo para alguna colaboración puntual que haga con alguien por el gran cariño que le tenga [como cuando en 2016 se subió por sorpresa a las tablas del malagueño Teatro Cervantes para cantar Tómbola junto a Celia]. Le han puesto cheques en blanco para que regresara al cine y no en una ocasión, sino en muchas. Hace algunos años fue una productora de Hollywood la que insistió y no entendía que ni contestara. Ella es así, no se mueve por esas cosas. Lo único que mueve a Pepa son los afectos». La malagueña disfruta hoy de una existencia sencilla y apacible, rodeada de amor y acompañada habitualmente por sus hijas (dos de las cuales se dedican al mundo de la farándula), sus nietos y sus hermanos. Sus vecinos de La Malagueta, que rara vez la molestaban cuando la veían por el paseo marítimo, la peluquería o el bar del barrio, respetando así su decisión de vivir como una ciudadana de a pie, la describen como una mujer de lo más sencilla y natural. Y Aguilar, que a lo largo de su carrera ha conocido íntimamente a muchas estrellas patrias, dice que ninguna tiene el «talante humano» de su biografiada. «Su distanciamiento de todo lo material es impresionante y su generosidad, infinita en todos los sentidos», apostilla. «Yo no puedo estar más agradecido con ella por eso. Sus hijas han heredado su talante. Son verdaderamente encantadoras y muy cariñosas».

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