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Se le encoge el corazón a la grada cuando observa que Jakub Mensik es incapaz de acercarse a la red para recibir la felicitación de su oponente: al contrario, queda tendido en la tierra, retorcido entre calambres y dolores, hasta que lo sacan las asistencias médicas. Ahí está la imagen de Moisé Kouamé, que celebra su triunfo metiendo la cabeza en el congelador. Y un escalofrío recorre Roland Garros el jueves en la sobremesa cuando Jannik Sinner colapsa , a cuatro puntos de la victoria, convertido su cuerpo en un títere sin dueño. Es el deporte de alta exigencia que combina mal, muy mal, con este París que arde en mayo. Son las temperaturas a más de treinta grados , inusuales en esta primavera francesa, las que hacen estragos en los cuerpos de los tenistas, exigidos al límite ya de por sí en un deporte que obliga a los esprints y a la resistencia a partes iguales. Porque se cuelan los grados en la piel, en los pulmones, en los músculos y el cerebro tiene que activar el modo supervivencia. Así lo explica Alejandro Lucía, catedrático de Fisiología del Ejercicio e investigador en la Universidad Europea de Madrid: «Los seres humanos somos animales especialmente bien adaptados para prevenir, para no calentarnos; sudamos para perder calor. Pero no somos tan buenos tolerando temperaturas altas. Estas afectan al sistema nervioso y el mecanismo de defensa es bajar el ritmo, ir más lento, con menos coordinación para no recalentarse. Llamó la atención porque iba ganando, pero al cerebro le da igual el partido y Roland Garros, lo que quiere es sobrevivir». Ese botón del pánico que pulsa el cerebro se escenifica en multitud de síntomas: «Calambres, nauseas, debilitamiento, falta de fuerzas, de equilibrio, de coordinación, deshidratación, pérdida de electrolitos, malestar. Te quedas apagado, con fatiga y cansancio mental. El organismo no te permite remontar», enumera Pedro Manonelles, miembro de la junta de gobierno de la Sociedad Española de Medicina del Deporte y catedrático de Medicina del Deporte en la UCAM. Manonelles, no obstante, insiste en puntualizar que lo que aparentemente le pasó a Sinner, además de que no se tiene toda la información sobre su estado ni los factores que lo llevaron a ese momento crítico, no es lo que se denomina popularmente golpe de calor: «Es más un agotamiento por calor, que es lo más habitual: sometió al cuerpo a un trabajo intenso con temperaturas elevadas. Lo obligó a dejar la competición, pero no es de riesgo vital como sí es el golpe, que conlleva un cuadro clínico muy grave, con una mortalidad del 50 %. Es importante distinguirlo porque es un error muy común». No obstante, no es una situación fácil de llevar, como evidenció el número 1. Porque además el colapso llega sin avisar y tiene mala solución instantánea. No hay tiempo para recuperar, y más allá de hidratarse, lo primero es intentar enfriar el cuerpo, comentan ambos expertos. Señalan la prevención como elemento para evitar estas situaciones, aunque remarcan que nadie está a salvo de padecer este agotamiento. «Ir a los sitios con antelación y aclimatarse a la temperatura. Hidratarse antes de la competición. Pero eso ya lo hacen los deportistas de élite, están perfectamente preparados para eso. Sinner está haciendo todo lo que tiene que hacer, pero a pesar de todo en algún momento no es suficiente para evitar estos cuadros», dice Manonelles. «Es adaptarte gradualmente a altas temperaturas. No es agradable, pero el cuerpo acaba adaptándose. Rafael Nadal tenía un físico muy bueno y también se nota en la tolerancia a este tipo de situaciones; tenía más resistencia y costaba más que llegara a ese límite de agotamiento. Quizá a Sinner le falta eso», apunta Lucía. Y aunque parezca que el italiano tiene una mayor propensión, pues ya sufrió episodios parecidos aunque no tan largos en Shanghái, Australia y Roma, son mil los factores que pueden desencadenar este fenómeno, y poco tiene que ver con haber nacido en las montañas o ser pelirrojo. «Hay muchos motivos que influyen: la preparación, la acumulación de partidos que lleva, lo que está tomando, aspectos psicológicos, si ha tenido un cuadro catarral antes. Conocemos algunas circunstancias, pero habrá otras. En alta competición influyen muchas variables y cualquier modificación puede alterar el curso», reflexiona Manonelles. Sobre todo en un deporte como el tenis. «Es un deporte fastidiado porque estás al sol, constante desplazamiento a todas velocidades altas. Paras, te mueves, reacciones rápido, y el calor afecta mucho dificulta la función neuronal. pensar rápido y coordinar. Correr o en bici no se nota tanto. El fallo de rendimiento por calor llega bruscamente. Cada punto es una intensidad brutal», subraya Lucía. «Es un deporte muy explosivo, con esprints, resistencia, con partidos que pueden ser muy largos y en el que el tenista está todo el tiempo a una alta intensidad. Influye más por eso que otros deportes. En ciclismo puede ocurrir, pero pueden estar unos kilómetros descansando; en tenis no. Es muy estresante para el cuerpo», acompaña Manonelles. Hay protocolos por calor. En Australia se cierran los techos y se activa el aire acondicionado a partir de cierta temperatura. También ATP y WTA tienen normas que permiten a los jugadores «solicitar un descanso de 10 minutos para refrescarse después del segundo set» e incluso «utilizar medidas de enfriamiento, hidratarse, cambiarse de ropa, ducharse y recibir entrenamiento, bajo la supervisión del personal médico». En París no se llegó al límite que marca la normativa: los 32 grados. Aun así, insuficientes, vagas y aleatorias para Novak Djokovic, por ejemplo, que aboga por los descansos largos, incluso de horas, como ocurre en Melbourne hasta que se bajan los grados. «Poco se puede hacer -señala Manonelles-, esto es inevitable. En el fútbol eran reticentes a que se bebiera agua durante el partido y ahora sí se puede, que está fenomenal. En el tenis se detiene el partido cada dos juegos para hidratarse, ponerse hielo en el cuello. El deporte no es una cosa amable, tiene sus riesgos. El deportista se pone al limite cada vez que compite, y a veces se cae al precipicio: lesión, incidente, agotamiento por calor. Aunque hiciéramos más prevención, el deportista seguiría poniéndose al límite. Ojala pudiéramos evitar todos los problemas, pero esto no se puede prever». Y, alerta Lucía, no tiene visos de mejorar: «Esto será más relevante en el futuro por el calentamiento global. Porque el horario de los deportes es siempre en horas de sol. La tolerancia al calor tendrá una relevancia mayúscula en el futuro del deporte. El sobrecalentamiento te puede matar, pero antes el cerebro para. Y esto demuestra que los grandes campeones son también humanos». Incluso Sinner.
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