ABC
Imagine estar frente a un hermoso retrato de Frida Kahlo y Diego Rivera. Ella, valiente y vulnerable a la vez, con mirada y espíritu indomable; él, monumental y carismático, rodeado de sus murales e ideas revolucionarias. Imagine ahora que comienzan a moverse, que el cuadro cobra vida, y lo que parecía un simple retrato de estos iconos del arte mexicano se transforma en una obra en movimiento : abren la boca, lloran, ríen… y cantan. Esto es precisamente lo que ocurre cada noche en el Metropolitan Opera House de Nueva York (Met Opera), que ha estrenado 'El último sueño de Frida y Diego'. Estrenada mundialmente hace apenas dos semanas y que este sábado se transmitirá en cines de todo el mundo, esta ópera, compuesta por Gabriela Lena Frank y con libreto de Nilo Cruz, sigue a Frida, tres años después de su muerte, regresando del inframundo para ayudar a Diego a cruzar al otro lado durante el Día de Muertos, explorando su amor, su rencor y la profunda conexión que los unió más allá de la vida. «Siempre existe un reto al representar figuras como Frida Kahlo, que han adquirido un estatus tan icónico. Lo que me resulta poderoso, tal como la conciben Gabriela y el libretista Nilo Cruz, es que no es una biografía literal. Tiene lugar en un mundo onírico y esto ayuda mucho a ir más allá del artista y de la mitología para sentir una verdad emocional de los personajes. Captura la complejidad de la relación entre Frida y Diego, su amor y su dolor», confiesa Yannick Nézet-Séguin , director artístico del Met Opera, a este periódico. La idea de 'El último sueño de Frida y Diego' surgió casi por casualidad, en 2007, cuando la compositora y reciente ganadora del Premio Pulitzer de Música Gabriela Lena Frank empezaba su carrera. Cuenta que un director de una pequeña compañía de ópera en Arizona, después de escuchar algunas canciones suyas en español y quechua, le escribió: «Tienes una ópera dentro de ti. No creo que aún lo sepas», explica la compositora a ABC. Lo curioso es que Frank ni siquiera tenía página web, así que el director tuvo que rastrear esas canciones casi como un detective musical. La propuesta surgió en medio de la «Frida-manía» en Estados Unidos, como ella misma describe, pocos años después de la película de Salma Hayek. Al principio Frank pensó que escribiría el libreto, pero su manager y editor insistieron en buscar a alguien con experiencia dramática: así llegó Nilo Cruz, dramaturgo experto en teatro real y actuación. Cruz tenía claro que no quería un recorrido cronológico por su figura: «No quiero hacer un biopic. Las biografías no funcionan muy bien en el escenario. No me interesa eso», le decía a la compositora. Juntos imaginaron una Frida que regresa del inframundo para ayudar a Diego a morir, con ella todavía enfadada por lo vivido, creando una historia poética entre la vida y la muerte. Bajo la batuta de Yannick Nézet-Séguin, Isabel Leonard y Carlos Álvarez son muchas de esas noches Frida y Diego. «Lo que me parece único es que esta Frida no es simplemente un símbolo o un icono. Mi objetivo nunca fue imitarla, sino retratar a un ser humano plenamente desarrollado dentro del mundo de la ópera. En medio del realismo mágico, el simbolismo y las imágenes grandiosas, quise centrarme en la realidad emocional de la mujer en sí. Esta Frida se siente profundamente humana: guiada por el amor, la memoria, la curiosidad, el duelo, la alegría y el autodescubrimiento», explica Isabel Leonard a ABC. Esta mezzosoprano reconoce que llegó a esta figura como muchos: a través de su imagen. «Tiene una identidad visual tan inmediatamente reconocible que casi existe en nuestra conciencia colectiva antes de que sepamos mucho sobre su vida. A medida que fui aprendiendo más sobre ella a lo largo de los años, y especialmente al prepararme para este papel, descubrí a la mujer extraordinaria que hay detrás del icono» , añade. Para componer esta obra ha hecho falta indagar en el personaje y en todas las representaciones artísticas posibles para representar fielmente su figura y, al mismo tiempo, traer una nueva Frida y un nuevo Diego capaces de conmover al público. «Estos dos pintores eran conocidos por el color, que es muy importante en sus matices. Así que mi orquestación tenía que ser muy colorida. Y combiné cosas como dos 'piccolos' con una 'celesta', y es un color interesante, clarinete bajo con arpa, clarinetes… instrumentos que no siempre ves juntos. Lo que eso hace es que de repente estás en un lugar diferente y sientes, 'oh, tenemos el mundo de los vivos y el mundo de los muertos'. Y más adelante, en el segundo acto, tenemos el mundo del arte. Ellos pensaban en mundos grandes así; estaban en sus sueños, estaban en el pasado, a veces en el futuro, en mundos posibles donde solo sostenían al pequeño Diego mientras miraban el universo. Así que también tenía que tener colores inusuales como esos», reconoce la compositora. La música es un universo sonoro lleno de color, energía y matices emocionales, donde la orquesta parece pintar tanto como las propias imágenes del escenario. La partitura se mueve con libertad entre lo lírico y lo rítmico, incorporando guiños a las sonoridades latinoamericanas y a un lenguaje contemporáneo que no renuncia a la expresividad directa. «La música de Gabriela es muy evocadora. Es una maestra del 'vibe', en el sentido de que tiene un fuerte instinto para el color y la atmósfera. Por ejemplo, en un movimiento indica «hipnótico» en la partitura. Aquí combina marimba con flauta alto, creando un sonido ahumado, seductor y suspendido», explica Nézet-Séguin. La ópera se adentra de lleno en un territorio donde el mundo de los vivos y los muertos se entrelazan, utilizando el Día de Muertos como marco simbólico para explorar la memoria, la ausencia y el duelo. A través del regreso de Frida desde el inframundo, la historia no solo plantea un reencuentro con Diego Rivera, sino también una confrontación con todo aquello que quedó sin resolver entre ambos. En ese espacio intermedio, la obra convierte el dolor en materia dramática. «Una de las cosas que más me impresionó de Frida es lo honestamente que enfrentó el dolor y cómo lo transformó en arte. En lugar de centrarme en el dolor como una característica definitoria, intenté entender cómo moldeó su resiliencia, su creatividad y su sentido del yo. Esos elementos forman parte de la vida emocional del personaje e influyen en cómo se mueve a través de la historia, tanto física como emocionalmente», confiesa Leonard. 'El último sueño de Frida y Diego' nació con una ambición enorme y con expectativas muy altas desde el primer momento: no solo suponía el debut operístico de Gabriela Lena Frank, sino también la creación de una producción contemporánea centrada en una figura tan icónica como Frida Kahlo, además de ponerse en la piel de ella misma. Fruto del camino son los aprendizajes, y en este caso junto a Carlos Álvarez, su Diego en el escenario. «La clave ha sido entender que el amor y el dolor pueden coexistir al mismo tiempo. Su relación fue compleja y a menudo difícil, pero también profunda. En lugar de juzgarla desde una perspectiva contemporánea, quise honrar las decisiones de Frida y entender lo que Diego representaba en su vida. Al mismo tiempo, quise asegurarme de que el viaje de Frida siguiera siendo suyo y que nunca estuviera definido únicamente por su relación con él», explica la mezzosoprano. Frank se ha enfrentado así a su primera ópera debutando además en el templo del Met Opera. El proceso de los ensayos fue «mágico» si bien es cierto que uno debe ir con el oído abierto y con la posibilidad de tener que abrazar las diferencias. «La música es la misma, pero cada cantante es diferente y me encanta eso. Si fuera lo mismo cada vez no habría hecho bien mi trabajo. Seguimos haciendo Shakespeare porque seguimos encontrando cosas nuevas en él. Así que aspiro a ser ese tipo de compositora en la que siempre me sorprenda. Es casi como si ya no fuera mi música cuando alguien me muestra algo nuevo así. Hemos visto cómo cobra vida con ideas diferentes, y todo el mundo tiene una opinión, lo cual me encanta. En el mundo de los conciertos, la gente no es así, no es como la ópera. La ópera está en otro nivel. La gente se involucra muchísimo. Se enamoran de la historia, del aspecto, de los personajes», asegura la compositora. La apuesta del Met Opera por este 'Último sueño de Frida y Diego' es valiente porque se trata de seguir haciendo del arte de la ópera algo nuevo. No siempre es fácil de ejecutar y llevar a buen término, pero en este caso el resultado ha sido más que satisfactorio. Para esta institución también es un reto conseguido el combinar un repertorio operístico clásico con un estreno mundial y contemporáneo como este. Así lo cree Nézet-Séguin. «Ampliar el repertorio es fundamental para asegurar que la ópera siga siendo un arte vivo y en evolución. Estamos comprometidos con traer nuevas voces y diversas a nuestro escenario . Espero que el público, ya sean amantes de la ópera de toda la vida o personas nuevas en ella, pueda verse reflejado en estas historias y encontrar una conexión significativa con la obra. Con el tiempo, producciones como 'Frida y Diego', junto con nuevas aproximaciones a piezas tradicionales como 'Tristán e Isolda', ayudan a ampliar lo que la gente cree que es la ópera y para quién es».
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