Ultima Hora Mallorca
El membrillo, amarillento, dorado pálido, como si llevase una túnica de narciso, y huele como el almizcle de penetrante aroma. Tiene el perfume de la amada y su misma dureza de corazón, pero tiene el color del amante apasionado y macilento. Su palidez es un préstamo de mi palidez, su olor es el aliento de mi amiga. Cuando se irguió fragante en la rama y las hojas le habían tejido mantos de brocado, extendí mi mano suavemente para cogerlo y colocarlo como pebetero en el centro de mi sala. Tenía un vestido de pelusa cenicienta que revoloteaba sobre su liso cuerpo de oro. Y cuando se quedó desnudo en mi mano, sin más que su camisa color de narciso, me hizo recordar a quien no puedo decir, y el ardor de mi aliento lo marchitó entre mis dedos».
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