Cope Zaragoza
Cataluña tiene una superficie forestal que cubre dos tercios de su territorio, una cifra que la sitúa en un buen ranking a nivel europeo. Sin embargo, este crecimiento no es fruto de una planificación, sino del abandono progresivo de la agricultura y la ganadería. Así lo explica Mario Beltrán, responsable del hub forestal del Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC) y experto en gestión forestal. Este fenómeno ha provocado que la masa boscosa aumente sin control, generando tanto oportunidades como desafíos significativos para el territorio. El principal problema que enfrentan los bosques catalanes es la falta de una gestión coordinada a gran escala. La propiedad está muy fragmentada, con cerca de 250.000 propietarios privados, cada uno con su propio contexto y capacidad de actuación. Según Beltrán, "cada uno hace lo que puede en su contexto", lo que evidencia una ausencia de coordinación a gran escala. Esta dispersión dificulta la implementación de políticas forestales coherentes y efectivas que abarquen la totalidad del ecosistema. Idealmente, la gestión forestal debería ser autosuficiente desde el punto de vista económico. Beltrán señala que "la gestión forestal debería mantenerse por sí sola, no habría de necesitar dinero externo porque del sector forestal se obtienen recursos que tienen un mercado". Sin embargo, la realidad es que en muchas ocasiones no es así y se requiere inversión pública para soportar la actividad. Esta financiación es crucial, especialmente para infraestructuras de protección como la prevención de incendios, que benefician a toda la sociedad. A pesar de su enorme potencial, los bosques catalanes están infraexplotados. Las cifras muestran que la actividad en el bosque es cada vez menor. Actualmente, se estima que de todo el volumen de biomasa que crece cada año, solo se extrae un tercio. Los otros dos tercios se acumulan año tras año, lo que incrementa la densidad de los bosques y, con ello, el riesgo de grandes incendios forestales. Esta acumulación de biomasa es una clara señal de infrautilización. Mario Beltrán lo resume de forma contundente: "De todo el volumen de biomasa que crece cada año en los bosques, se extrae un tercio, y dos tercios se están acumulando". Esta situación no solo representa un riesgo ecológico, sino también una oportunidad económica perdida, ya que una gestión sostenible permitiría obtener recursos valiosos mientras se mejora la salud del ecosistema, la calidad del agua y la prevención de incendios. El futuro de los bosques catalanes, según el experto, pasa necesariamente por una mayor extracción de recursos naturales impulsada por la bioeconomía. Beltrán afirma que es una "necesidad por obligación del sistema". Ni Cataluña ni Europa "pueden permitirse tener una economía basada en el petróleo o en recursos externos", por lo que es imperativo virar hacia los recursos endógenos. Esto no solo reduciría la dependencia exterior, sino que también ayudaría a diversificar la economía, actualmente muy centrada en el turismo y los servicios. La bioeconomía forestal va mucho más allá de la leña para calderas o la madera para embalajes. El futuro incluye aplicaciones innovadoras como la construcción con madera o la química verde, que utiliza la madera como materia prima para crear nuevos productos. Beltrán está convencido de que este es el camino: "La bioeconomía basada en recursos forestales es una necesidad, y ocurrirá, seguro". La clave, subraya, es que esta explotación sea "sostenible, bien controlada" y que el valor generado por la cadena de transformación "se quede en el territorio", beneficiando no solo a las áreas metropolitanas, sino a todo el paisaje catalán.
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