Diario de Noticias
La consolidación de un nuevo orden global, en el que el derecho internacional ha sido sustituido por el imperio de los hechos consumados, no deja de sumar ejemplos trágicos. Las recientes maniobras en los escenarios más inestables confirman la imposición de una unilateralidad descarnada, ante la cual instituciones como la ONU, el G7 o el FMI se muestran inoperantes. A pesar de los estragos económicos y humanos, la diplomacia está paralizada frente a la ley del más fuerte. Entre los ejemplos más sangrantes figura la actuación del gobierno israelí de Benjamin Netanyahu. No hay acuerdos ni derecho humanitario que pongan freno a su ofensiva sobre Gaza ni a la ampliación de su campaña bélica en el Líbano. Vulneración de soberanía y éxodo civil no generan consecuencias. En la propia Europa, la Unión Europea asiste a una peligrosa escalada de la tensión con Rusia, que multiplica sus operaciones de desestabilización para poner a prueba la vulnerabilidad de las democracias continentales. La estrategia del Kremlin proyecta las tensiones a los socios de la UE desde un control de la opinión interna incontestado mediante la manipulación de la opinión pública. Al otro lado del Atlántico, el tablero tampoco ofrece garantías: desde la Casa Blanca, Donald Trump rompió compromisos exteriores, impulsó el acoso comercial y amenaza con nuevas operaciones encubiertas en el Caribe, después de haber actuado en Venezuela para controlar sus recursos.
Go to News Site