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El sol, un enemigo silencioso: por qué debes protegerte los 365 días del año | Collector
El sol, un enemigo silencioso: por qué debes protegerte los 365 días del año
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El sol, un enemigo silencioso: por qué debes protegerte los 365 días del año

La llegada del buen tiempo y los días soleados trae consigo una preocupación recurrente: la protección de la piel. Sin embargo, los expertos advierten de que este cuidado no debe limitarse a los meses de verano o a las jornadas de playa. La exposición solar es un factor constante en la vida diaria, especialmente en zonas con alta irradiación como Canarias, y sus efectos son acumulativos y, a menudo, silenciosos. El cáncer de piel se ha convertido en una amenaza creciente, con cifras que invitan a una reflexión profunda sobre nuestros hábitos. Los datos son contundentes. En el archipiélago canario, la incidencia de esta enfermedad se ha duplicado desde 2015. En algunas zonas, como el sur de Tenerife, el aumento de casos ha alcanzado un alarmante 208% entre 2014 y 2022. Ante esta realidad, el dermatólogo Ricardo Fernández de Misa, quien recientemente presidió el 53 Congreso Nacional de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV), ha realizado un llamamiento a la calma hoy en Herrera en COPE Tenerife y, sobre todo, a la educación en la prevención. Es fundamental entender los riesgos sin caer en el alarmismo y adoptar medidas preventivas durante todo el año. Aunque las cifras en Canarias son llamativas, el doctor Fernández de Misa matiza que el incremento de casos de cáncer de piel no es un problema exclusivo de las islas, sino un fenómeno global. “Se ha disparado la tasa de cáncer de piel, pero esto es ha ocurrido en todo el mundo", explica el especialista. En ese sentido, ha subrayado que, si bien el aumento es real y generalizado, “no hay ningún estudio que diga que hay más cáncer aquí que en la península”. El objetivo, por tanto, no es generar miedo, sino conciencia. La clave está en la prevención y en desterrar la idea de que solo estamos expuestos al sol en la playa o la piscina. Canarias es, según el dermatólogo, “la zona con más rradiación solar de Europa”, lo que obliga a sus habitantes a ser especialmente cuidadosos. El mensaje es claro: “hay que educar a la población, pero no hay que alarmar a la población”. Uno de los mayores errores es subestimar la exposición solar en las actividades cotidianas. Ir a comprar, pasear, hacer deporte al aire libre o sentarse en una terraza son momentos en los que la piel recibe una cantidad significativa de radiación ultravioleta. “Yo no sé exactamente el tiempo que pasamos en la playa los canarios, pero no creo que sea más de un 1% o 2% del tiempo de nuestra vida”, argumenta Fernández  de Misa. Es en el 98% restante del tiempo donde la guardia suele estar más baja. El experto insiste en que la protección debe ser una rutina diaria, un gesto incorporado a nuestro día a día. “Debería ser una protección a lo largo de todo el año”, afirma. Esto no significa obsesionarse, sino aplicar el sentido común: evitar las horas de máxima exposición, utilizar sombreros y ropa adecuada, y usar las cremas fotoprotectoras como un complemento indispensable en las zonas expuestas. Hay zonas del cuerpo que a menudo se olvidan y sufren especialmente las consecuencias del sol, como el escote. “Muchas veces las mujeres se olvidan de esa parte del cuerpo, que sufre muchísimo”, advierte el dermatólogo. Se trata de una piel muy fina y más difícil de tratar una vez que el daño ha aparecido. Por ello, recomienda extender la crema fotoprotectora del rostro a esta zona a diario, un simple gesto que, con el paso de los años, marca una gran diferencia. Los dermatólogos repiten una frase que resume a la perfección el efecto del sol en nuestro cuerpo: “la piel tiene memoria”. Esto significa que el daño es acumulativo y diferido. “No se ve el daño solar al día siguiente ni en una semana, pero dentro de 5, 6 u 8 años ahí empiezan a verse los efectos del exceso de sol”, explica Fernández de Misa. Cada exposición cuenta y se suma a la anterior. El mecanismo es simple y devastador. “Cada rayo de sol que que llega a la piel queda ahí acumulado y es capaz de ir generando daños en el ADN de la célula”, detalla el doctor. Aunque el organismo tiene una capacidad asombrosa para reparar gran parte de ese daño, llega un punto en que la acumulación es tal, que las células pueden descontrolarse y originar un cáncer. A pesar de la concienciación creciente, todavía se cometen imprudencias, como exponerse al sol en las horas centrales del día, entre las 12:00 y las 16:00, un hábito peligroso que muchas veces viene impuesto por los horarios laborales. La prevención es especialmente crucial en la infancia. Las quemaduras solares durante los primeros años de vida aumentan significativamente el riesgo de desarrollar un cáncer de piel en la edad adulta. Proteger a los niños del sol no es una opción, sino una obligación para garantizar su salud futura. En este sentido, el viejo consejo de las abuelas de “hacer la digestión” a la sombra cobra un nuevo y vital significado. A pesar de la gravedad de la enfermedad, el mensaje de los dermatólogos es también de esperanza. La piel tiene una gran ventaja: las lesiones se ven. La detección precoz es la mejor herramienta para combatir el cáncer de piel, con tasas de curación altísimas. En el caso del melanoma, el tumor con peor fama, las cifras son elocuentes. “De todos los melanomas que se diagnostican, el 95% están estupendos, vamos a decir curados entre comillas”, asegura Fernández Gemisa. La recomendación sobre cuándo empezar las revisiones periódicas con un dermatólogo no es universal, pues depende de factores como el tipo de piel. Como referencia, el doctor menciona que los estudios americanos sugieren que “a partir de los 56 años es rentable para el paciente empezar a hacer revisiones rutinarias”, ya que esta es la edad media de diagnóstico del melanoma. Sin embargo, lo ideal es una valoración individualizada para que el especialista determine la periodicidad necesaria en cada caso.

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