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Lugo mantiene en pie, casi diecisiete siglos después, una fortificación de más de dos kilómetros declarada Patrimonio de la Humanidad Dónde se esconde la muralla romana oculta que podrás visitar en el centro de Barcelona Hay ciudades que conservan restos romanos y luego está Lugo. La ciudad gallega puede presumir de tener la única muralla romana del mundo que todavía se conserva completa rodeando todo su casco histórico. Más de dos kilómetros de piedra que siguen abrazando la ciudad casi diecisiete siglos después de su construcción y que han convertido este enclave en uno de los grandes tesoros históricos de España. La muralla fue levantada entre los siglos III y IV alrededor de la antigua Lucus Augusti , nombre romano de Lugo . Según la leyenda, no se construyó para proteger una ciudad, sino un bosque sagrado dedicado al emperador Augusto. Aquel supuesto “Bosque Sagrado de Augusto” habría dado origen incluso al nombre actual de la ciudad. Hoy ese bosque es un misterio, pero la muralla sigue completamente en pie. Rodea el casco histórico con un perímetro de unos 2.200 metros, alcanza en algunos puntos los siete metros de ancho y todavía conserva 71 torres de las 85 originales. Caminar por su adarve permite contemplar la ciudad desde una perspectiva completamente distinta y entender la dimensión defensiva que tuvo Lugo durante la época imperial romana . Además, lo afirma la propia web oficial de la Xunta de Galicia , “la muralla romana que rodea la ciudad de Lugo es la única del mundo que se conserva entera”. Y es ese carácter excepcional hizo que fuese declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Una fortificación que sigue formando parte de la ciudad A diferencia de otras murallas históricas europeas que acabaron parcialmente derribadas para permitir el crecimiento urbano, la de Lugo logró sobrevivir prácticamente intacta al paso de los siglos. Buena parte de ello se debe a que la ciudad fue adaptándose poco a poco a su presencia, añadiendo nuevas puertas para facilitar la comunicación entre ambos lados del muro. Las cuatro entradas originales acabaron convirtiéndose en las diez puertas actuales, muchas de ellas reformadas o ampliadas entre los siglos XIX y XX. Algunas siguen siendo especialmente simbólicas dentro de la ciudad, según narra la web de la Xunta en su apartado Las puertas de la Muralla : Puerta de Santiago : ligada históricamente a la Catedral y única abierta durante épocas de peste. Puerta de San Pedro : entrada tradicional del Camino Primitivo hacia Santiago. Puerta de San Pedro de la muralla Puerta Miñá : la puerta romana mejor conservada de toda la muralla. Porta Nova : antigua salida hacia Brigantium, la actual Betanzos. Puerta de San Fernando : primera gran puerta moderna abierta en el siglo XIX. Puerta Falsa : antigua puerta militar romana usada durante siglos para el correo. Puerta falsa de la muralla Puerta del Obispo Odoario : abierta tras una polémica voladura parcial de la muralla. Puerta de la Estación : creada para conectar la ciudad con el ferrocarril. Cada una refleja también cómo Lugo fue creciendo alrededor de una estructura defensiva que nunca desapareció del paisaje urbano. Caminar sobre la Roma imperial Recorrer hoy la Muralla de Lugo es caminar literalmente sobre una construcción romana original. El paseo completo permite rodear el casco histórico mientras se observan tejados, plazas, iglesias y algunos de los rincones más emblemáticos de la ciudad. Desde arriba todavía puede percibirse la enorme escala de la obra. La altura media ronda los diez metros y muchas de las torres conservadas siguen marcando el perfil histórico de Lugo . Además, el acceso al adarve es completamente gratuito, algo que convierte la experiencia en uno de los grandes atractivos turísticos de Galicia. La muralla también terminó definiendo buena parte de la i dentidad de la ciudad. Mientras otras fortificaciones europeas quedaron reducidas a ruinas o pequeños tramos, Lugo mantuvo intacto ese enorme cinturón de piedra que todavía separa el casco histórico de la ciudad moderna. Y quizá ahí reside parte de su fuerza. Porque más allá de ser un monumento histórico, la Muralla de Lugo sigue funcionando como una frontera simbólica entre dos tiempos distintos: el de la antigua Roma y el de una ciudad gallega que continúa viviendo bajo la sombra de sus piedras casi dos mil años después.
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