Cope Zaragoza
La repentina subida de temperaturas en Navarra, con un cambio de casi diez grados de una semana a otra, ha puesto a prueba nuestros cuerpos. Este fenómeno, que notamos en nuestro día a día, tiene una explicación científica y se conoce como aclimatación. El profesor de la Universidad Pública de Navarra, Joaquín Sevilla, analiza cómo nuestro organismo reacciona ante el calor y cómo la tecnología deportiva, como los relojes inteligentes, es capaz de medirlo. La aclimatación es la respuesta de un individuo a las variaciones del entorno. A diferencia de la adaptación evolutiva de las especies, que ocurre a lo largo de milenios, la aclimatación son los cambios que sufre una persona a lo largo de su vida sin que sus genes cambien. "Aclimatación es el término para referirse a estas variaciones con las que responde el cuerpo, con la dotación genética que ya tiene, expresando más unos genes u otros", aclara Sevilla. El ejemplo más sencillo es ponerse moreno por el sol: la piel genera más pigmento para protegerse y, cuando la exposición cesa, vuelve a su tono habitual. Para adaptarse al calor, el cuerpo humano utiliza principalmente dos estrategias: aumentar el flujo de sangre hacia la piel para refrigerarla y, sobre todo, sudar. La evaporación del sudor elimina una gran cantidad de calor. Durante la temporada cálida, el cuerpo llega a generar entre un 10% y un 20% más de sangre para optimizar este proceso. Además, el sudor de verano es diferente: es más abundante, aparece a temperaturas más bajas y se generaliza por todo el cuerpo para una refrigeración más global. Este sudor estival es también más fluido y contiene menos electrolitos. Según explica el profesor, "si se llevara la misma cantidad de sal que el sudor de invierno, tendríamos una pérdida de electrolitos especialmente importante que nos podría generar otro tipo de problemas". El cuerpo, a través de los detectores de temperatura de la piel, activa el sistema endocrino para poner en marcha todos estos mecanismos de control. Muchos usuarios de relojes deportivos han visto cómo sus dispositivos les informaban de un bajo porcentaje de aclimatación al calor. Esto se debe a que el rendimiento deportivo se ve afectado por las altas temperaturas. Cuando el cuerpo no está acostumbrado al calor, el mismo esfuerzo físico resulta en un peor rendimiento. Los algoritmos de estos aparatos entran en acción cuando la temperatura exterior supera los 22 grados. Estos sistemas electrónicos miden parámetros como la frecuencia cardíaca, la potencia del ejercicio, los datos meteorológicos del lugar y la saturación de oxígeno en sangre. Con esta información, calculan si el ritmo cardíaco es anómalamente alto para un esfuerzo determinado en condiciones de calor. Si es así, el reloj interpreta que el usuario no está aclimatado. El proceso completo de aclimatación a un cambio brusco de temperatura dura unos 14 días. Sin embargo, "son los primeros 4 o 6 días donde se produce el grueso del cambio", señala Sevilla. Por tanto, en Navarra nos encontramos ahora mismo en pleno proceso de aclimatación, que debería completarse en aproximadamente una semana. Para que el cuerpo pueda sudar y refrigerarse, necesita líquidos. La pérdida de agua a través del sudor y la necesidad de incrementar el volumen plasmático hacen que la hidratación sea fundamental durante estos días. Aunque no hay que obsesionarse, es importante beber más agua de lo habitual. Joaquín Sevilla recomienda guiarse por la sed: "Beber cuando tienes sed hasta saciarte es suficiente para mantener una hidratación normal". En periodos de cambio como el actual, es probable que el cuerpo pida más agua. Mantener una hidratación continua, bebiendo pequeñas cantidades a lo largo del día, es una buena estrategia para facilitar al cuerpo su trabajo de aclimatación.
Go to News Site