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Juan Arturo Brennan: Eilish & Cameron | Collector
Juan Arturo Brennan: Eilish & Cameron
La Jornada

Juan Arturo Brennan: Eilish & Cameron

Hace algunas semanas pasó fugazmente y con más pena que gloria por las pantallas de la fétida cartelera fílmica comercial de esta muy colorida y morada CDMX el documental Billie Eilish – Hit Me Hard And Soft (2026), un registro de los momentos destacados de la gira del mismo nombre de la popular cantante estadunidense. Aunque los conocedores de este tipo de asuntos afirman que no hay lugar a la comparación entre esta película y el reciente filme análogo de Taylor Swift, la tentación es irresistible. Baste decir, en pocas palabras, que Billie Eilish es un personaje menos aburrido y un poco más colmilludo que su colega y competidora. Otra diferencia fundamental es que mientras la película sobre Swift no contiene más que una soporífera retahíla de canciones, el de Eilish es más completo como documental, ya que la música está sazonada con los tradicionales momentos de backstage (y en este caso, understage), testimonios, trayectos, ensayos, preparación etc. Dirigido por el notorio James Cameron, el documental está eficazmente filmado y editado, siempre bajo los parámetros modernos de los excesos mareadores en la edición. A esto hay que añadir que se trata de una película particularmente ruidosa (en todos los sentidos: musical, acústico, comunicológico) que no da tregua a las retinas y los tímpanos del espectador, y cuya mezcla de pistas de sonido no es muy afortunada. En descargo (parcial) de Eilish y Cameron hay que decir que esto ha sido cabalmente intencional. La propia Eilish declara ahí que es su intención lograr una gira y un filme caracterizados por la sobreestimulación sensorial, lo cual equivale a una confesión de parte: parecen importar más las luces histéricas, el sonido hipertrófico y los cansinos efectos visuales que la música y la letra de sus canciones. Justo es decirlo, sin embargo, esa música y esas letras tienen aquí y allá algunos momentos valiosos e interesantes, sobre todo si se les compara con la ñoña papilla que producen algunas de sus colegas más famosas.

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