COPE
La Vida Consagrada es un don de Dios para la Iglesia. Tiene su misión e identidad en Cristo. Los religiosos y religiosas, desde sus carismas, nos acompañan espiritualmente, sostienen a la Iglesia con unidad, vida esperanzada y misión abierta al mundo. Tiene múltiples formas, destacando la vida activa en campos como la sanidad o la educación, esenciales para nuestro país, pero también en el ámbito contemplativo, dedicado a la oración y el servicio desde el silencio. Dentro de la riqueza de carismas, la vida monástica y de clausura representa una de las expresiones más desconocidas. Uno de ellos es el convento del Carmen en Santiago de Compostela, donde vivieron las Carmelitas Descalzas hasta hace dos años debido a la falta de vocaciones. Su lugar lo ocuparon ocho Carmelitas Contemplativos procedente de Colombia. Su prior, el Hermano Juan Diego, ha explicado en 'Solidarios por un bien común' que la la vida en comunidad en el monasterio está gira entre los oficios y el silencio, pero también en dar a conocer su historia. “Sentimos que los monasterios tiene una gran riqueza y una historia que tiene que ser contada, por eso abrimos las puertas, para que las personas vengan y compartan con nosotros la liturgia de las horas, hay una pequeña hospedería para que puedan hacer retiros...” La sacristía es uno de los espacios con más mística del monasterio del Carmen, donde tienen lugar las celebraciones litúrgicas. Su sacristán, el Hermano Mateo, es el encargado de ponerlo todo a punto. Por ejemplo, lavando con purificadores los vasos sagrados: “Siento que lavo la ropa de Jesús, es un trabajo muy místico”. En el obrador, los Carmelitas Contemplativos elaboran sus famosas pastas de mantequilla, con la que hacen sostenible el monasterio. Su encargado, el Hermano Felipe, se dedica a empaquetar los dulces para su venta posterior: “Desde hace diez años empecé un proceso de conversión. Es un proceso de ir purificando y caminar con el deseo de unión con Él”, ha subrayado. Pese a los prejuicios con los que carga la vida contemplativa por un supuesto aislamiento del mundo, Felipe lo desmiente: “No se genera una barrera entre la comunidad y la familia, sino que la familia empieza a ser parte de la comunidad, es una familia que va creciendo. Podemos ir a nuestra casa para compartir nuestra vocación con la familia”, ha precisado. El día a día en el monasterio del Carmen es ordenado: “Tratamos de que cada año haya cambio de oficios”, ha detallado el prior. Este año al Hermano Daniel le ha tocado gestionar el huerto, donde corta el césped o recoge las cosechas de frutas y verduras. “El trabajo del monje es la vida de oración, de ser un hortelano. Estamos limpiando la huerta y nuestra alma. Los árboles frutales nos da para abastecernos con fruta, verduras... Para Santa Teresa de Jesús era importante encontrarse con Dios a través de la Creación. Es una tierra para ser florecida”, ha reflexionado. Una de las labores más exclusivas que desarrollan los Carmelitas Contemplativos en el monasterio del Carmen son la realización de las formas para las celebraciones eucarísticas de la Catedral de Santiago de Compostela. “Tenemos unos panales. Son formas especiales de una máquina antigua. Son exclusivas porque son difíciles de hacer y es artesanal. Hay un gran esfuerzo y de amor al Señor”, ha recalcado el Hermano Fredy, encargado de su elaboración. De esfuerzo y sacrificio sabe mucho el Hermano Fredy, que antes de recibir la llamada a la vida consagrada tenía un trabajo y una novia en Colombia: “Si el Señor nos quiso traer a España bienvenido sea, y lo mismo al dejar nuestras vidas anteriores. Es como volver a iniciar y hace otras cosas, pero lo hacemos para gloria de Dios”, sostiene. Además, ofrece un consejo valioso a los jóvenes que también se encuentran en proceso de discernimiento. “Hacer caso, no omitir porque es el camino a tu felicidad”.
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