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El París Saint-Germain es el nuevo ogro del fútbol europeo y Luis Enrique el técnico del momento. Así lo confirmó la final de la Champions League, el partido del año a la espera de que levante el telón el Mundial, en la que el cuadro parisino, magistralmente guiado desde la banda por el asturiano, volvió a demostrar que tiene la maquinaria más engrasada del continente. Ni siquiera un Arsenal lleno de confianza tras proclamarse campeón de la liga inglesa dos décadas después y que llegó invicto al duelo consiguió frenar el empuje de los galos, que se apropiaron de su segundo título consecutivo para sus vitrinas. Los londinenses doblaron la rodilla sin haber perdido un solo partido en el tiempo reglamentario. Este nuevo PSG, que ha dejado atrás la acumulación de estrellas por el mero placer de coleccionar y se ha volcado, convencido, con el plan de su entrenador , se convirtió este sábado en el segundo equipo capaz de revalidar el cetro continental en la historia moderna del torneo después del Real Madrid, ganador entre 2016 y 2018. Luis Enrique, por su parte, cuela su nombre entre los técnicos que más veces levantaron la 'orejona', pues a las dos recientes se suma la que conquistó con el Barça en 2015. El menú previsto en el espectacular Puskas Arena para la primera final en horario de tarde, una iniciativa que la UEFA justificó en su día en el disfrute del aficionado, tenía muchos alicientes. En Budapest se medían los dos mejores equipos del torneo con permiso del Bayern . El PSG, campeón una vez más de la liga gala y defensor del título con el que estrenó su palmarés en la competición, y un Arsenal campeón de la Premier 22 años después y en una final por segunda vez en su historia tras caer en 2006 ante el Barça. Dos proyectos en su cenit, alimentados por la estabilidad y la confianza en sus técnicos, Luis Enrique y Mikel Arteta, pero muy diferentes entre sí. Uno brillante en lo ofensivo y otro casi imbatible en lo defensivo. Aunque el choque empezó con los equipos al trote, tanteándose, pronto quedó claro que sería el PSG quien llevaría la iniciativa ante un bloque compacto de los ingleses. Pero, cosas del fútbol, en el minuto 5 todo saltó por los aires. Marquinhos falló una entrega y el rebote le cayó a Havertz , que tras una veloz carrera batió sin ángulo a Safonov por la escuadra. El alemán, irregular todo el año, demostró que es goleador de finales, pues ya le dio la de 2021 al Chelsea con un tanto suyo al Manchester City. El gol fue un mazazo para los de Luis Enrique, que pese a no variar su plan de control y acoso a la portería de Raya, se vieron en desventaja ante la mejor defensa del torneo con la carga mental que eso supone. Su empuje hacia el área 'gunner' se incrementó con el paso de los minutos, pero el Arsenal tejió una red ante su portería en la que los galos quedaron empantanados. Ni Vitinha ni un Kvarastskhelia que se descolgaba para ayudar en la creación encontraron salida al laberinto de Arteta y las pocas ocasiones del PSG eran toscas y embarulladas, o bien desesperados disparos lejanos. El marcador no se movió antes del descanso pero de haberlo hecho habría sido a favor del Arsenal, pues Havertz en el descuento desaprovechó una clara ocasión para el 0-2. El mejor resumen del primer acto fueron los 314 pases del PSG por los 71 del Arsenal , que por momentos recordaron aquel Marruecos-España del último Mundial. Más allá del criterio del árbitro, que dejó claro que castigaría las pérdidas de tiempo del Arsenal, nada cambió nada tras las charlas en vestuarios. El PSG aplastó aún más a los ingleses contra su portería hasta que en el minuto 61 sacó un claro penalti por derribo de Mosquera a Kvarastskhelia . Dembélé no falló ante Raya y reseteó el choque. El Arsenal cambió su plan con la entrada de Gyokeres y Timber por Odegaard y Mosquera y a base de juego directo comenzó a llegar también a la meta gala. Con el partido algo más abierto el PSG atacó con más claridad. Kvarastskhelia estrelló un balón en el palo y unos minutos después su relevo, Barcola, se topó con un gran Raya. Tampoco acertó Vitinha en el 88 y el choque se fue a la prórroga. En el tiempo extra, en el que hubo más tensión que juego pese a los últimos relevos, el Arsenal reclamó un posible penalti de Nuno Mendes a Madueke que el árbitro no señaló. Sin precisión por el cansancio, aún hubo alguna ocasión en cada área pero ninguno pudo deshacer el empate y hubo que acudir a la tanda fatídica donde el acierto francés unido a los fallos de Eze y Gabriel condenaron al Arsenal y permitieron al PSG mantenerse la corona.
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