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Julián Álvarez recrudece la guerra entre Atlético y Barcelona
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Julián Álvarez recrudece la guerra entre Atlético y Barcelona

La figura de Julián Álvarez amenaza con dinamitar para siempre la relación entre Atlético de Madrid y Barcelona, dos clubes que, desde hace años, mantienen una tensa relación tanto en lo deportivo como en lo institucional. Sin embargo, la campaña de acoso y derribo de los azulgranas para firmar al argentino ha acabado por desquiciar a los rojiblancos que, en un ataque de puro hartazgo, lanzaron el viernes una ráfaga de dardos sin precedentes a través de sus redes sociales , donde acusaban a los catalanes de malas artes negociadoras para captar al delantero, de «tener a sueldo al vicepresidente de los árbitros», el famoso caso Negreira, y de «recurrir a favores políticos para inscribir a jugadores», en referencia a la decisión salomónica del CSD (Consejo Superior de Deportes) en enero de 2025 para que el mediapunta pudiese disputar la Supercopa de España cuando su ficha había sido invalidada. «No creas todo lo que ves, sobre todo si está relacionado con el Barça», sentenció un orwelliano Atlético, que además negó haber recibido una oferta de 100 millones de euros por Álvarez pese a que los gurús de la información deportiva habían confirmado la misiva sin descanso. Como casi siempre, alguno de los dos bandos miente, o puede que incluso ambos, pues es imposible que el incierto futuro de uno de los mejores jugadores del planeta sea un mero invento de la prensa. Más si se tiene en cuenta que el propio Álvarez , durante toda la pasada campaña, desaprovechó decenas de ocasiones para sentenciar la rumorología. Por tanto, es evidente que el Barça quiere hacerse con el sudamericano, la guinda a un proyecto que, tras establecer un dominio nacional casi absoluto (dos ligas, dos Supercopas y una Copa del Rey en los últimos dos cursos), pretende preparar el asalto definitivo a la Champions League, ausente de sus vitrinas desde 2015. La contratación del inglés Anthony Gordon , fichado por 70 millones hace unos días, fue toda una declaración de intenciones, decididos los catalanes a potenciar sus virtudes, ataque abrasador y presión asfixiante, y no sus defectos, languidez defensiva y cierta tendencia a la ambición desmedida. Y por eso, firmar a Julián sería la guinda del pastel, coronar con un engranaje de oro una máquina que ya tritura de maravilla. En cambio, para el Atlético debe de ser muy difícil de digerir que su jugador franquicia quiera abandonar el proyecto para unirse al equipo que los rojiblancos eliminaron tanto en Copa como en Champions. La constatación de que a Álvarez no le convence lo visto en los dos últimos años en el Metropolitano, quizás sustituido en demasiadas ocasiones con prematuridad y sin ningún título en el zurrón, aunque en defensa de Simeone, el atacante, en la 2025-26, ha estado lejos de su mejor nivel, con solo cuatro dianas en liga por ejemplo. Pese a todo, como la historia del fútbol ha demostrado en numerosas ocasiones, si un jugador quiere irse, lo acabará haciendo, por mucho que el propietario, con todo su derecho, se niegue a vender o que la cláusula de rescisión del susodicho ascienda hasta los 500 millones.

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