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La jungla en la que se han convertido las redes sociales, plagadas de expertos en consejos económicos para ganar mucho dinero en poco tiempo y sin riesgo, ha derivado en un incremento exponencial de los delitos vinculados precisamente a la estafa financiera. Un problema social que ha crecido mucho más que otros tipos penales y que constituye uno de los grandes peligros para el patrimonio de los ciudadanos. Las denuncias presentadas por estafas informáticas alcanzaron los 430.493 casos en 2025, lo que refleja el récord de este tipo de hurtos que ya están a la orden del día. Solo en la última década, los casos denunciados ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se han multiplicado por cinco con respecto a los que se ponían en conocimiento de las diferentes policías en 2015. Y este crecimiento, que además ha sido exponencial -acumulando cada año un número superior en términos absolutos y proporcionales- ha venido de la mano del auge de las redes sociales, de los expertos económicos que publican pequeños videos muy efectivos y de los 'fininfluencers', figuras públicas que arrastran a miles de usuarios hacia su terreno, con o sin intencionalidad. Y ahí está el gran matiz de este problema. Los hurtos vinculados a las ciberestafas -el abanico de casos es muy extenso, con todo tipo de ramificaciones- constituyen el segundo grupo de delitos que más crecimiento ha registrado en los últimos años. Y este hecho coincide con el desarrollo de las redes sociales, donde sus protagonistas están cada vez más activos, con el riesgo que a veces conlleva un mensaje que no termina de distinguir la recomendación, el asesoramiento y la prudencia histórica a la hora de convencer a un usuario para que mueva su dinero. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha elaborado una guía doméstica en la que trata de informar a los pequeños ahorradores sobre la posibilidad de interpretar correctamente un mensaje que se encuentre en sus redes sociales a través del teléfono móvil. Porque cada tipo de afirmación implica unas obligaciones distintas. En términos generales, la recomendación implica una presentación de las ideas económicas de una manera objetiva, clara y precisa sin inducir a error al público en general. Además, implica revelar los intereses o conflictos de intereses, para que puedan ser valorados por los destinatarios de la recomendación. No debe confundirse una recomendación de inversión con la prestación de un servicio de asesoramiento de inversión con carácter personalizado . Este servicio solamente puede ser prestado por las entidades o personas autorizadas para este fin. Por otra parte, antes de promocionar productos, plataformas o aplicaciones de inversión debe verificase siempre previamente si la empresa o plataforma está autorizada. Además, la información transmitida sobre los productos o servicios financieros debe ser verdadera, justa, clara y no engañosa, tal y como recuerda el supervisor bursátil. En principio, cualquier persona puede publicar recomendaciones de inversión. Sin embargo, las obligaciones de información a las que está sujeta depende del tipo de persona. Los los expertos son aquellas personas que frecuentemente realizan recomendaciones y afirman poseer experiencia o conocimientos en el ámbito financiero o son percibidas como tales por los inversores. Puede encontrar buenos expertos siempre que en sus perfiles o mensajes incluyan algunos de estos elementos. Por ejemplo, si avisan de que su recomendación ha sido modificada ; si indican cuál es la duración de la inversión a la que se refieren; si incluyen un resumen de cualquier base de valoración o metodología y de las hipótesis subyacentes utilizadas; si hacen una referencia a la frecuencia prevista de las actualizaciones de esa inversión; o si informan al ahorrador de que tienen una posición larga o corta neta que sobrepase el 5% del capital social total emitido por el emisor a que se refiere la recomendación que están realizando.
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