Ultima Hora Mallorca
En cosa de una semana hacen elecciones en el Real Madrid por primera vez en veinte años y aunque a usted no le guste el fútbol o, si lo hace, odie profundamente al club blanco e incluso si cumple ambas condiciones, el asunto no le resultará ajeno del todo. Quien controla el palco del Bernabéu es un poder en el Reino de España. Se puede debatir hasta qué punto pero hay escalas. Cualquiera convendrá que Florentino Pérez ha sido una figura más influyente en dos últimas décadas que cualquiera de los presidentes de la comunidad autónoma andaluza, que es la más poblada. Por repasar la lista, son José Antonio Griñán, Susana Díaz y Juanma Moreno; gente que ha tenido poder real pero nunca tal. Se puede hacer un repaso de categorías y establecer una clasificación pero lo cierto es que se trata de un puesto de importancia, salvo que lo ostente alguien muy ceporro, que ha habido casos. Al actual dirigente, ya en su senectud, le ha salido un contrincante que intenta ser su calco en joven. El perfil para optar al puesto ya sale inmediatamente de la altísima burgesía empresarial madrileña lo que convierte al elegido en un referente entre el poder económico de la corte. Lo divertido de tal puesto es que los electores se rigen puramente por la emoción de tal o cual fichaje, o por la racha reciente del equipo, como demuestra la propia trayectoria de Florentino, de tal manera que se trata de un combate de pavos reales casi clónicos que cacarean cromos en la puerta de un colegio entre otros parecidos que son los que eligen. Ninguna responsabilidad real. Y lo cierto es que sí se trata de un cargo poderoso, con acceso a cualquier instancia de poder y sin limitaciones de otras esferas. Ahora que el asunto Zapatero llama la atención sobre la frontera entre influencia y corrupción es un puesto más fácil de identificar. Puro poder blando el del presidente blanco.
Go to News Site