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La prisa y la verdad | Collector
La prisa y la verdad
Diario CÓRDOBA

La prisa y la verdad

Sentada en un rincón, así tituló Josefina Molina su breve autobiografía (2000), poniendo de relieve su lugar elegido para mirar el mundo, para imaginarlo y proyectarlo en los planos y las secuencias de sus filmes, documentales y series de televisión. Pero conquistar ese rincón estratégico junto a la cámara no le fue fácil. Josefina Molina nació en 1936; en el ambiente gris y cerrado de la Córdoba de posguerra, el cine y los libros alimentaron sus fantasías. En su memoria hay un momento decisivo, ese momento que, al decir de Borges, un hombre (una mujer) sabe para siempre quién es: la visión de la película El río, de Jean Renoir, un fragmento de vida que pasa como pasan las aguas de un río. Era una adolescente, y supo entonces que quería dirigir cine. Seguramente se trata de un recuerdo reelaborado, pero revela el despertar de una firme voluntad de llegar a ser la que quería ser. Con su trabajo y su inteligente sentido de la realidad encontró los resquicios para rebasar los esquemas con los que se ahormaba el destino de las mujeres en aquella España integrista en la que le tocó vivir. Logró ser admitida en la Escuela Oficial de Cinematografía y graduarse en Dirección en 1969, se entregó apasionadamente a su oficio y supo sacar partido de lo que tenía a mano. Nunca cultivó el victimismo. No perdió el tiempo lamentándose. Trabajó para llevar al límite lo posible, y de esa valentía salió una obra cinematográfica de referencia en la que destaca una película insólita, experimental, política sin pretenderlo y feminista sin proclamarlo: Función de noche (1981).

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