Diario CÓRDOBA
En esta tierra tenemos la atrevida costumbre de reaccionar con vehemencia cuando un problema está encima de la mesa y de relajarnos cuando la amenaza se aleja. Ahora que la primera ola de calor ya está aquí, nos puede pasar lo mismo con la sequía. Basta con mirar el nivel de los embalses para comprobar que el debate público sobre el agua se ha diluido. Pantanos como el de Iznájar, el mayor de Andalucía, presentan niveles impensables hace apenas un año y medio. Las restricciones han desaparecido en buena parte del territorio y el abastecimiento urbano ya no ocupa titulares. Pero precisamente en este momento, cuando la urgencia no apremia, las administraciones deberían demostrar que han aprendido algo de lo vivido antaño.
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