La Opinión de Málaga
Hace días, cuando salgo, una vecina que llega me dice a modo de saludo: «esto es fuego». Se refiere, claro, a las altísimas temperaturas para la época del año y el modo en que el sol calca, pero podría ser una premonición. Una primavera de abundante lluvia seguida de un periodo de fuerte sol dará lugar a la acumulación de gran cantidad de biomasa, muy difícil de gestionar en tareas de prevención debido al despoblamiento del campo. Si unimos la inveterada costumbre de las quemas y la alta frecuencia de incendios provocados, este verano podría ser catastrófico en las regiones del Noroeste. Sería ahora el momento de acometer una «estrategia preventiva» y otra para afrontar las emergencias de forma conjunta y bien engranada, lo que, como toda guerra, requiere pruebas y maniobras. El cambio climático no tiene ya fácil remedio, pero es una prioridad absoluta combatir sus efectos.
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