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En el barrio de la Macarena de Sevilla, un lugar especial ha abierto sus puertas para los amantes de los felinos. Se trata de Oh my Cat!, un salón solidario impulsado por la asociación Ghato Verde donde los protagonistas son gatos rescatados que buscan una segunda oportunidad. El espacio ofrece a los visitantes la posibilidad de pasar una tarde rodeados de estos animales, con la esperanza de que surja una conexión y una posible adopción. La iniciativa nació de la asociación Ghato Verde, que comenzó como un grupo de vecinas en Las Pajanosas (Guillena). Según explica Sofía Sánchez, una de sus responsables, se organizaron con sus propios medios "para poder esterilizar y salvar los gatos" de la zona. Muchos de ellos estaban "enfermos, desnutridos, y comían sobras de los contenedores de basura", relata. Lo que empezó como una plataforma ciudadana en 2018 se convirtió en una asociación formal en 2021 por consejo de la concejala local. La idea de crear Oh my Cat! surgió en 2019, aunque no se materializó hasta mayo de 2023. El objetivo principal era resolver dos problemas comunes en las protectoras: "la invisibilidad de esos gatos adultos y la falta de un refugio físico propio", señala Sánchez. A diferencia de las cafeterías de gatos convencionales, este espacio se define como "un salón solidario y un espacio de acogida 100% sin ánimo de lucro", con la adopción como única finalidad. Para visitar Oh my Cat!, es necesario reservar una cita a través de su página web. La visita tiene una duración de una hora, de martes a domingo en horario de 17:30 a 20:30, y se solicita un donativo de 5 euros por persona, que incluye una bebida. Durante la estancia, los visitantes pueden jugar con los gatos mientras el equipo informa sobre su labor y las historias de cada animal. Sofía Sánchez destaca que la convivencia en el local ayuda a "romper prejuicios" sobre los gatos, como la idea de que son poco cariñosos. "Muchas personas vienen con eso en la mente, y al final acaban averiguando que no es así", afirma. Además, es una oportunidad para observar la compatibilidad entre las personas y los animales antes de una posible adopción. Entre las muchas historias que han pasado por el local, la de Miuw, una gata de 12 años, conmovió especialmente a las voluntarias. Su dueña había fallecido y llegó al salón "bastante tristona, tenía esa depresión... estaba siempre en el fondo de la sala, no quería interactuar con nadie", recuerda Sofía. Gracias a la labor de la asociación, Miuw encontró un nuevo hogar. "A día de hoy estamos contentos de decir que esa gata no parece la misma", concluye Sánchez.
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