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Ariana (31), autónomo: "Me dedico a la estética, este trimestre he facturado 2.600 euros y mi querida Hacienda me pide 500, a lo que le sumo la cuota, la gestoría y los materiales" | Collector
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Ariana (31), autónomo: "Me dedico a la estética, este trimestre he facturado 2.600 euros y mi querida Hacienda me pide 500, a lo que le sumo la cuota, la gestoría y los materiales"

El testimonio de Ariana, una joven autónoma de 31 años dedicada a la estética, se ha vuelto viral en un vídeo de TikTok donde expone las dificultades de emprender en España. En su vídeo, explica que tras haber facturado 2.600 euros en un trimestre, la Agencia Tributaria le reclama 500 euros. Una cifra a la que, según relata, debe añadir otros gastos fijos como la cuota de autónomos, la gestoría o los materiales. La joven, que vive en un pueblo de unos 4.000 o 5.000 habitantes, se muestra desesperada al calcular lo que le queda después de los gastos. "Si tú divides esos 2.600 que no son a percibir, lo divides en 3 meses y le restas todos los gastos que tenemos, ¿qué narices nos queda?", se pregunta. A los pagos a Hacienda se suman la cuota de autónomos, la gestoría, el alquiler, la luz y el internet. Ariana critica la narrativa de que "los jóvenes no quieren trabajar" y la contrapone con su propia experiencia. Invita a cualquiera a visitar su pueblo y "vea a la gente que hay diariamente en bares que están cobrando el subsidio este, la renta mínima esa, el paro de los 52 años". Denuncia que muchas de estas personas están, además, "trabajando en B" mientras otros autónomos se sienten desamparados. La esteticista pone el foco en el subsidio para mayores de 52 años, afirmando que quienes lo perciben "cotizan un 120% a la Seguridad Social", lo que, según ella, les permitirá cobrar "más de jubilación que una persona que está trabajando hasta el último día". Esta situación la lleva a sentirse como si fuera una de tantos "autónomos desamparados en España" que no reciben ningún tipo de soporte o ayuda. "¿Qué estamos fomentando?", se pregunta Ariana. La joven detalla también los desafíos específicos de su sector, como las constantes normativas que obligan a cambiar de productos sin previo aviso. "Ahora este producto no se puede utilizar, lo tienes que sustituir por este. No te dejan ni gastarlo, tienes que tirarlo", lamenta. Señala que estas exigencias suponen "inversiones de un dineral", ya que para trabajar con calidad, un esmalte puede costar 12, 14 o 16 euros, y no se les concede ningún margen de adaptación para asumir los cambios. Esta precariedad, según expone, hace imposible la conciliación familiar y personal. "Aunque yo tuviese un deseo enorme de ser madre, ¿cómo narices lo gestiono? ¿Cómo eres madre ahora mismo?", cuestiona, evidenciando la dificultad de plantearse la natalidad en su situación. Su frustración se extiende a la declaración de la renta. Explica que, a pesar de haberse comprado un piso hace tres años, no puede deducirse su primera vivienda, pero sí podría hacerlo si se comprara una segunda residencia. "Estoy quemadísima. Yo no sé cómo no quemamos media España", concluye.

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