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Un grupo de científicos de la Universidad de Málaga (UMA) ha demostrado cómo la agricultura ecológica puede ser una solución natural y eficaz para que los cultivos resistan mejor a la sequía. El estudio, liderado por investigadores del departamento de Microbiología, revela que las prácticas agrícolas que evitan el uso de químicos sintéticos favorecen a largo plazo la aparición de microorganismos beneficiosos en el suelo, fortaleciendo las plantas frente al estrés hídrico derivado del cambio climático. La investigación, encabezada por el profesor José Antonio Gutiérrez, se ha centrado en el cultivo del aguacate, del cual Málaga es el mayor productor y exportador nacional. Para llevar a cabo el estudio, el equipo comparó dos fincas comerciales muy cercanas, con el mismo tipo de suelo y condiciones climáticas, pero con una diferencia fundamental en su manejo durante más de 20 años: una seguía un modelo de agricultura ecológica y la otra, un modelo convencional con uso de agroquímicos. El hallazgo principal del estudio no se centró en la producción de las fincas, sino en la microbiología del suelo. Los investigadores observaron que en los suelos de la finca con manejo ecológico se produce un enriquecimiento de un grupo de microorganismos, principalmente bacterias del género Bacillus. Estas bacterias, según explica Gutiérrez, son esporuladas, lo que les permite sobrevivir en condiciones estresantes formando esporas. Pero su función va mucho más allá de la supervivencia. El equipo ha demostrado que estas bacterias ayudan activamente a las plantas a soportar mucho mejor la falta de agua. El efecto es tan significativo que, en los ensayos posteriores realizados en invernadero, los resultados fueron sorprendentes. El profesor Gutiérrez destaca que han demostrado que estas bacterias "ayudan a las plantas a resistir mucho mejor, mucho mejor a la sequía, e incluso, prácticamente, por lo menos en los ensayos de invernadero a posteriori que hemos realizado, las plantas casi como que no detectan que estuvieran en sequía". Aunque esta publicación corresponde a un proyecto que finalizó en febrero de este año, la línea de investigación continúa. El equipo de la UMA ya está inmerso en un nuevo proyecto que lleva en marcha aproximadamente año y medio. En esta nueva fase, se están evaluando no solo la resistencia a la sequía, sino también a otros tipos de estrés como la salinidad y los patógenos. Además, se han incorporado otros modelos de cultivo de gran relevancia, como es el caso del tomate. Este enfoque multidisciplinar busca ampliar el conocimiento sobre el potencial de los microorganismos del suelo y su aplicación en una gama más amplia de la agricultura, ofreciendo alternativas sostenibles a los desafíos actuales. La idea es validar si los beneficios observados en el aguacate pueden replicarse en otras plantas, lo que supondría un gran avance para el sector agrícola en general. Consultado sobre si estos hallazgos podrían provocar un cambio a corto plazo en la agricultura de la región, Gutiérrez se muestra cauto y realista, señalando que se trata más bien de un proceso a medio plazo. Sin embargo, califica el resultado como "bastante interesante", especialmente en un contexto donde el consumidor valora cada vez más los productos naturales frente a aquellos producidos de manera intensiva y con un alto contenido de químicos. En este sentido, el investigador subraya la importancia de recuperar prácticas del pasado. "Creemos que, bueno, volver a nuestro pasado, a lo que hacían nuestros abuelos en el campo, pues creo que ahora, pues es un valor importante para para el sector de la de la agricultura", afirma Gutiérrez. Esta visión resalta un cambio de paradigma: no se trata de un retroceso, sino de aplicar el conocimiento científico actual para validar y potenciar la sabiduría tradicional. La difusión de estos conocimientos entre los agricultores es un paso crucial. Gutiérrez menciona que, si bien algunos agricultores de fincas ecológicas ya conocen su trabajo, gracias en parte a la colaboración con empresas como Trops, la generalización de estas prácticas aún enfrenta barreras. "La realidad es que, pues, bueno, el cultivo intensivo es difícil de mantener si no hay una metodología, dijéramos, convencional", admite. No obstante, concluye con optimismo que "estas son las nuevas vías que nosotros vamos a intentar explotar y que en un futuro, pues pues pudiera ser una alternativa real", sentenciando el camino a seguir. En definitiva, el proyecto de la Universidad de Málaga propone un cambio de enfoque: no solo se trata de cultivar plantas, sino de gestionar y entrenar los microorganismos del suelo. Este leitmotiv impulsa una nueva forma de agricultura que busca en la propia naturaleza las herramientas para afrontar los grandes retos del siglo XXI, como la escasez de recursos hídricos y la necesidad de una producción de alimentos más sostenible.
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