Cope Zaragoza
En Castilla y León, cerca del 18,9% de la población fuma a diario. Esta cifra se distribuye de manera similar entre sexos, con una prevalencia del 23,4% en hombres y del 14,8% en mujeres, según datos de 2023 del Ministerio de Sanidad. El consumo de tabaco sigue siendo el principal problema de salud pública en España, tanto por la morbi-mortalidad que genera como por la disminución en las expectativas de calidad y esperanza de vida que ocasiona. En 2025, Sacyl recetó los fármacos para dejar de fumar a más de 22.000 adictos al tabaco. La principal barrera para abandonar el tabaco es la adicción que produce. Según cifras del Ministerio de Sanidad de 2023, la prevalencia es del 23,4% en hombres y del 14,8% en mujeres. El consumo de tabaco se mantiene como el principal problema de salud pública en España, no solo por la mortalidad que causa, sino también por el impacto en la calidad y esperanza de vida. El tabaquismo es una de las principales causas evitables de enfermedad y mortalidad, pero su impacto va más allá del daño físico. Nieves Andrés, vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de Castilla y León, explica que también afecta profundamente al bienestar emocional y la calidad de vida. "Desde la psicología vemos también cómo el tabaco acaba generando dependencias, una sensación de pérdida de control y una gran dificultad para afrontar determinadas emociones sin recurrir al consumo", señala la experta. Muchas personas son conscientes del perjuicio del tabaco, pero la dependencia psicológica juega un papel fundamental que les impide dejarlo. Con el tiempo, fumar se convierte en una rutina para gestionar el malestar. "Algunas personas asocian el cigarrillo al descanso, al alivio del estrés o a momentos sociales", comenta Andrés. El cerebro aprende estas asociaciones y automatiza el deseo de fumar en ciertas situaciones. Por este motivo, la psicóloga subraya que abandonar el tabaco "no va a depender únicamente de tener esa fuerza de voluntad que muchas veces comenta la gente, sino de aprender nuevas formas de afrontar emociones, hábitos y situaciones cotidianas". La sensación de alivio que un fumador experimenta es real, pero está más relacionada con la propia dependencia. Al fumar, se calman temporalmente los síntomas de abstinencia como la irritabilidad o el nerviosismo, lo que se interpreta erróneamente como relajación. Las dificultades para dejar de fumar son tanto físicas como psicológicas. A nivel emocional, pueden aparecer ansiedad, irritabilidad o cambios de humor. Romper hábitos automatizados, como fumar con el café o después de comer, es uno de los mayores retos. A esto se suma el miedo a fracasar, especialmente si ha habido intentos previos. Sin embargo, Andrés insiste en que "las recaídas pueden formar parte de ese proceso y no significan que la persona no vaya a conseguirlo". Las intervenciones más eficaces son las que combinan la motivación personal con el acompañamiento profesional y el aprendizaje de estrategias concretas. Es clave identificar qué situaciones desencadenan el deseo de fumar y sustituir ese hábito por herramientas más saludables. Según la experta, "si la persona se siente comprendida, acompañada y tiene estrategias, aumentan mucho las probabilidades de éxito". Para quienes han intentado dejar de fumar sin éxito o no se atreven a dar el paso, Nieves Andrés lanza un mensaje de esperanza: "Nunca es tarde para dejarlo y cada intento cuenta", incluso si no ha salido bien anteriormente. La clave, afirma, es no rendirse, ya que muchas personas necesitan varios intentos. "No tiene por qué hacerlo sola, pedir ayuda profesional facilita muchísimo el proceso", concluye, recordando que el objetivo final es "empezar y mantenerse avanzando paso a paso para tener una vida con más salud y libertad".
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