El Plural
Paco Núñez ha vuelto a hacerlo. El presidente del PP de Castilla-La Mancha ha utilizado el Día de la Región, una jornada pensada para celebrar la identidad, el esfuerzo colectivo y los avances de la comunidad autónoma, para deslizar de nuevo su mensaje habitual contra el presente de Castilla-La Mancha. Envuelto en palabras amables, felicitaciones y apelaciones al orgullo regional, el dirigente popular ha vuelto a dibujar una tierra que, según su relato, necesita "ambición", "ilusión" y una "visión estratégica" para poder "llegar a lo más alto". La escena se repite cada vez con menos disimulo. Núñez felicita a los castellanomanchegos, ensalza su trabajo y reconoce que esta es una tierra de "gente humilde y trabajadora", pero inmediatamente después introduce la misma idea de siempre, que Castilla-La Mancha no está donde debería estar y que sólo el PP sería capaz de canalizar su potencial. El Día de Castilla-La Mancha ha vuelto a servirle como altavoz para un discurso más propio de una campaña electoral que de una fecha institucional compartida por todos. Un argumento especialmente llamativo porque los castellanomanchegos ya le dieron una oportunidad al PP y comprobaron, con el Gobierno de Cospedal, que aquel proyecto no era sinónimo de impulso, sino de recortes, confrontación y debilitamiento de los servicios públicos. El Día de Castilla-La Mancha ha vuelto a servirle como altavoz para un discurso más propio de una campaña electoral que de una fecha institucional compartida por todos. El líder de los populares ha asegurado que la región "puede llegar a lo más alto" y que sus ciudadanos "pueden lograr cualquier meta que se propongan". Sin embargo, lejos de quedarse en una felicitación limpia, ha añadido que la comunidad autónoma "necesita de ambición, necesita de ilusión y necesita de una visión estratégica". Es decir, Núñez ha vuelto a presentar a Castilla-La Mancha como una región incompleta, a medio hacer, necesitada de un impulso que, casualmente, identifica con el proyecto político del PP. El problema no está en defender alternativas políticas. El problema está en elegir el Día de Castilla-La Mancha para insistir, una vez más, en un relato que reduce la comunidad autónoma a un territorio al que le falta dirección, liderazgo y horizonte. Mientras la jornada invita a poner en valor lo conseguido por generaciones de castellanomanchegos, Núñez ha preferido colocar el foco en lo que, a su juicio, falta. Incluso cuando intenta hablar bien de la región, el presidente del PP acaba hablando mal de su presente. Núñez ha afirmado que su partido va a seguir trabajando para "canalizar todas las muchas y buenas ideas que hay en Castilla-La Mancha". La frase resume bien el fondo de su planteamiento. El PP se reserva el papel de intérprete de la región, de quien escucha, ordena y conduce a una ciudadanía que, según su propia retórica, ya ha demostrado de sobra su capacidad de esfuerzo. Bajo esa apariencia de cercanía, el mensaje vuelve a ser paternalista, Castilla-La Mancha tiene talento, pero necesita que Núñez lo canalice. La contradicción resulta...
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