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Con solo 22 años, Iker ha tomado una decisión radical: abandonar la ciudad para construir una vida autosuficiente en medio de la montaña. Hace menos de un año que se instaló en su finca, donde vive sin suministros de luz ni de agua corriente, movido por un deseo de libertad y un rechazo al control del sistema. "Me di cuenta de que la ciudad te llevaba a ser muy dependiente", explica sobre un sistema donde "cada vez hay más control a la población y no quieren que seamos libres". Para lograr su independencia, Iker ha tenido que aprender desde cero. Consigue el agua de un pozo y de la recogida de lluvia, mientras que la electricidad la obtiene a través de placas solares que él mismo instaló tras ser estafado. "Siempre es mejor hacértelo tú mismo, aparte del dinero que te vas a ahorrar, por la satisfacción de hacerlo por ti mismo y no tener que depender de nadie", afirma. La soberanía alimentaria es otro de los pilares de su proyecto. En su finca cría casi 30 gallinas, cabras, patos y un cerdo. Gracias a ellos, obtiene huevos, leche para hacer queso y yogur, y carne. Su objetivo es ser completamente autosuficiente en alimentación, un proceso que, según reconoce, "no viene de la noche a la mañana". Este joven no considera su vida como algo idílico, sino como una vuelta a los orígenes. "Es como se vivía de aquí hace 50, 100 años, no estoy descubriendo nada", señala. Critica duramente los productos industriales, como la leche del supermercado, que define como "un líquido industrial blanco que ha perdido todos los nutrientes". Para él, la leche recién ordeñada de sus cabras es "un alimento vivo, mucho más bueno y nutritivo". Curiosamente, Iker fue vegetariano, pero su experiencia le ha llevado a una postura muy crítica con el veganismo. Sostiene que esta forma de alimentación, lejos de ser ética, depende de un modelo destructivo. "Para alimentarte de manera vegana se requiere de un monocultivo, que al final destruyes el ecosistema entero", argumenta, mencionando el impacto de los pesticidas y la maquinaria agrícola. Defiende que criar sus propios animales, que viven en libertad y se alimentan de pasto, es una opción "mucho más saludable y sostenible". El camino no ha sido fácil, ya que partía sin ninguna experiencia. "Nunca había ordeñado una cabra, nunca había tratado con gallinas", confiesa. Sin embargo, su determinación le ha permitido adquirir habilidades que considera muy valiosas, desde instalar fontanería hasta aprender a hacer la matanza del cerdo. "Son habilidades que obtienes en la práctica y que valen muchísimo más que ninguna carrera que me quieran vender", reflexiona. Para financiar su proyecto, Iker cuenta con un negocio online que gestiona con su hermano gemelo. Admite que la inversión inicial en elementos como las placas solares es alta, pero asegura que se amortiza rápidamente al eliminar gastos fijos. "Cuanto más inviertes al principio en animales, en plantar tu huerto, en placas solares, eso lo acabas retornando mucho antes", concluye.
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