Noroeste
MAZATLÁN._ Hace 30 años, en el cruce de las vías del ferrocarril y la avenida Santa Rosa, el tren arrolló a un camión de pasajeros dejando 34 personas muertas de un total de 48 pasajeros que llevaba, lo que lo convirtió en una de las mayores tragedias registradas en Mazatlán. Eran cerca de las 21:20 horas del 31 de mayo de 1996 cuando un camión urbano de los denominados “Colosio” cubría su ruta del Centro al norte de la ciudad y, al llegar a dicho cruce del ferrocarril, su conductor no hizo alto, por lo que la unidad fue impactada en su costado derecho por la locomotora, arrastrándolo unos 200 metros. De acuerdo con la información que se dio a conocer en su momento, de las diligencias de los sobrevivientes, el exceso de velocidad con que era conducido el camión, el sobrecupo de pasajeros, la imprudencia del chofer y el equipo de sonido con alto volumen que llevaba fueron las causas de la tragedia. El conductor del camión no detuvo su marcha antes de cruzar las vías del ferrocarril en la avenida Santa Rosa, por lo que se le atravesó al tren que se movía a entre 50 y 70 kilómetros por hora y la unidad de pasajeros fue arrastrada más de 200 metros rumbo al norte, dejando a los lados los cuerpos de 34 pasajeros que fallecieron, 14 más lograron sobrevivir y fueron trasladadas por equipos de emergencia a diferentes hospitales. Los tripulantes del tren, en ese entonces Ferrocarriles Nacionales de México, declararon ante el Ministerio Público que salieron momentos antes de la Estación en Mazatlán y que aplicaron todas las medidas de seguridad necesarias para evitar el impacto, pero parar una máquina de 180 toneladas y tres vagones más del mismo peso, a una velocidad de entre 50 a 70 kilómetros por hora en un tramo de 35 metros, fue una tarea imposible. “Cuando iba aproximadamente a 100 metros del crucero me di cuenta que un camión de pasajeros de los denominado ‘Colosio’, blanco con verde, venía de poniente a oriente, pero pensé que se iba a detener, ya que el tren tiene derecho de paso”, relató Elías Flores Peña, maquinista del convoy conocido como Tren Bala ante la autoridad ministerial. “Pero el camión comenzó a subir la cuesta, nunca se detuvo y ya estando a 35 metros aproximadamente apliqué el freno de emergencia, pero no respondió por el peso de la máquina y de los vagones. Me impacté con el frente del tren en el centro del lado derecho del autobús, y como el tren no lograba pararse, arrastró al autobús aproximadamente 300 metros hacia el norte, por la vía principal, hasta que se detuvo”. Por testimonios emitidos tras el percance, se supo que lo primero para los pasajeros del camión urbano fue el golpe, después los gritos, la pérdida de conciencia y para 34 de ellos la muerte. Por estos hechos fue procesado como el principal responsable de la tragedia el chofer de la unidad tipo “Colosio”, Juan Carlos Ramírez de los Ángeles, quien declaró ante el Ministerio Público que nunca vio que se acercaba el tren. “Ya en la noche recuerdo que eché la última vuelta y recuerdo que no llevaba mucho pasaje, que llevaba como 15 pasajeros sentados y al llegar a las vías hice alto total tal como siempre lo hacía, abajo de las vías”, declaró ante el Ministerio Público, de acuerdo con lo que se difundió públicamente en su momento. “Recuerdo que no vi nada, por lo que me dejé ir a cruzar las vías y no recuerdo que alguien me haya dicho algo, pero de repente sentí un despegón de mi lado, es decir un golpe, y ya no recuerdo nada de lo que pasó después”. Ramírez de los Santos fue condenado a purgar cuatro años y seis meses de prisión, de los cuales solamente compurgó la mitad por presentar buena conducta en el entonces Centro de Readaptación Social, ahora Centro Penitenciario El Castillo. A 30 años de esta tragedia, este jueves 28 de mayo personal del Ayuntamiento de Mazatlán realizó labores de limpieza a orillas del ferrocarril donde ocurrió la tragedia y el área donde al año siguiente se construyó un memorial en honor a las víctimas de estos hechos. Ahí fueron inscritos los nombres de cada una de las 34 víctimas mortales de este accidente conocido como “el trenazo” en la avenida Santa Rosa. Por eso ahora ya no hay basura sobre las cruces en memoria de algunas de las víctimas que fueron colocadas a orillas de las vías como hasta principios de esta semana, en espera de que familiares de las víctimas acudan a llevarles ofrendas florales o veladoras a 30 años de estos hechos trágicos. Testigos de la zona El señor Arturo Castro recuerda que vivía en el fraccionamiento Fovissste Playa Azul, ubicado al costado sur de las vías, y la noche de la tragedia le tocó apoyar alumbrando a los elementos de los cuerpos de emergencia para buscar a las personas heridas y llevarlas a hospitales para su atención médica. “Me tocó andar ahí, fíjese, yo vivía aquí en el Fovissste y estaba en la casa cuando se oyó el ruido, fui a un mandado y cuando regresé fue cuando me enteré, yo creo que salí cuando mucho unos 20 minutos, y cuando regresé a la casa fue cuando me enteré que había pasado ese accidente, sería como las 09:00 y feria cuando sucedió, yo cuando me enteré la eran como las 10:00 (de la noche), pero estaba reciente”, recordó en entrevista. “De hecho me tocó ayudar (en las labores de rescate), lo que pasa es que yo antes tenía un vicio de la luz, de las lámparas y todo eso, hicimos un equipo ahí de baterías de carro para traer luz, incluso cuando llegamos a la barda perimetral de aquí del Fovissste nos pararon los soldados y nos dijeron aquí no pueden pasar, y les dijimos traemos luz, lámparas y eso para ayudar, porque en ese tiempo era puro monte y sí accedimos con un soldado cuidándonos a nosotros y ya después nos inmiscuimos ahí en ayudar, más que nada en aluzar y eso”. Arturo dijo que en su caso se abocó a ayudar alumbrando a quienes realizaban las labores de rescate, pero sí fue algo muy fuerte. Se retiró cerca de la 01:00 de la mañana, después de que terminó el movimiento de los cuerpos de rescate, ya lo demás fueron diligencias a cargo del Ministerio Público en caso de las personas que perdieron la vida. También manifestó que a lo largo de estas tres décadas ha habido varios accidentes en los cruces del ferrocarril, de hecho fue socorrista de la Comisión Nacional de Emergencias y le tocó atender el caso en el que el tren arrolló a un camión de transporte de personal en el área de Cerritos el 22 de diciembre de 2015, que dejó cinco personas fallecidas y más de 20 trabajadores heridos. “En ese tiempo del trenazo yo empezaba más en el grupo de Comisión Nacional de Emergencias, y sí ahí empezamos en abanderamiento y todo eso, ya poco a poco fue creciendo el grupo, ambulancias y eso y ya empezamos con el socorrismo”, recordó. A tres décadas de la tragedia en las vías del ferrocarril de la avenida Santa Rosa, dijo que la misma gente provoca que fallen las medidas de seguridad porque si ponen las plumas en los cruces ferroviarios los mismos conductores las chocan con sus unidades y se quiebran y dura mucho tiempo para que las repongan. “Como estas hay veces que jalan y hay veces que no (en la avenida Santa Rosa), si se va a la avenida Atlántico las plumas ya no están, o sea, las medidas de seguridad falta mucho y más conciencia de la gente”, agregó Arturo. “La consciencia está en uno, uno es el que trae el vehículo, es el que debe tener la mayor medida de seguridad al cruzar las vías del ferrocarril, ahora estas vías que están ahí (en la avenida Santa Rosa) están muy separadas, ya ha habido gente que se ha caído últimamente, entonces hace falta arreglar ahí, en la separación que tiene ya ha habido personas que se han caído, incluso un carro se quebró ahí, esa es una de las prioridades ahorita, arreglar bien ahí”. Precisó que el vehículo que se quedó entre las vías duró como 10 minutos en ese lugar, pero varias personas apoyaron y lo movieron, por lo que se debe acondicionar mejor el sitio. “Se debe crear conciencia con la gente también porque somos los primeros, somos los más burros, la verdad”, continuó Arturo, “y la otra es que ellos (quienes operan los ferrocarriles) deben tomar sus medidas de seguridad también para que no haya ese tipo de incidentes, más que nada está en la gente”.
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