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A sus 83 años, Iñaki Gabilondo continúa siendo uno de los grandes referentes en cuanto a periodismo en nuestro país. El locutor radiofónico, que fue la voz más emblemática de la Cadena SER durante 52 años, anunció su retirada en 2021 tras toda una vida en antena. Sin embargo, a pesar de esta jubilación progresiva, no se ha alejado del todo de la profesión. 20 años después de su salida de 'Hoy por Hoy', el periodista vasco regresa ahora a la primera línea mediática con 'La gran aventura de la lengua española' , la última apuesta de RTVE para La 2. El programa, que estrena este domingo 31 el primer capítulo en la cadena pública, cuenta también la participación de la Real Academia Española, con su director, Santiago Muñoz Machado , como principal asesor histórico del formato. En este nuevo formato, dirigido por Pepe Azpiroz, Gabilondo mostrará cómo ha evolucionado nuestro idioma, la segunda lengua del mundo por hablantes nativos, y hará un recorrido semanal por su historia a lo largo de diez siglos. De lengua sabe de sobra Iñaki, al que, desde niño, sus padres siempre criaron para que fuera consciente de la importancia de valores como « el esfuerzo, la preocupación por la exigencia , la calidad, decencia, respeto a los demás». Su padre le dijo que «en lo que fuera, debía ser muy bueno» y, con las palabras, el de San Sebastián ha demostrado que hay pocos a su altura. Sobre la influencia de sus progenitores y cómo se desarrolló su infancia habló hace tiempo en el pódcast 'Por el principio' . Él, el segundo de nueve hermanos y el primer varón, nacido en 1942 en la ciudad vasca, tuvo un papel muy importante dentro de su familia en un momento complicado, apenas unos años después de la posguerra. En este espacio radiofónico, Iñaki Gabilondo recordó sus primeros años de vida en Donosti apenas unos años después de que terminara la Guerra Civil. Su padre, al que define como «el personaje de su vida», venía de una familia «muy modesta de Azcoitia» y, para salir de su casa entonces, empezó a trabajar en una carnicería , donde aprendió a desarrollar el oficio, y posteriormente montó su negocio. De su madre dice que era «lo más perecido a un ángel que he conocido nunca». « Era guapísima, discreta , con una capacidad de sacrificio ilimitada y con una extraordinaria elegancia natural. Era absolutamente extraordinaria», admitió en el programa, explicando que ella conoció a su padre en el mercado y que juntos crearon una gran familia junto a sus nueve hijos. El periodista vivió en primera persona el cambio que experimentó su padre hacia una progresiva depresión que le fue arrebatando el optimismo y la vitalidad que había mantenido durante buena parte de su niñez: «Fue como si le fuera aplastando la sucesiva aparición de más y más hijos. Se fue encerrando, se convirtió en un hombre hermético y el recuerdo de un padre joven, alegre y feliz no lo tienen mis hermanos». Aún así, los dos fueron, tanto para él como para sus hermanos, las personas más importantes de su vida y les dieron un mensaje sin palabras del trabajo y la solidaridad simplemente con sus acciones diarias. « Trabajaban los dos muchísimo en la carnicería de mi padre . Ese esfuerzo de sacar adelante una familia grande, y sin que nunca se oyera una mala palabra, ha marcado nuestro carácter», aseguró en el pódcast, señalando que sus progenitores trataron de construir «una casa de puertas abiertas». El periodista, antes de llegar a la cúspide de la comunicación, tuvo que madurar muy rápidamente para hacerse cargo de poner «orden en casa» con sus siete hermanos menores mientras sus padres trabajaban. Aunque esta responsabilidad le vino impuesta, Gabilondo nunca renegó de ello y siempre fue consciente de que le tocaba encarnar el papel de «sargento de semana» mientras sus progenitores se dejaban la piel para savarles adelante. Hacerse cargo de una familia tan grande no fue el único obstáculo con el que tuvo que lidiar el locutor radiofónico durante su infancia en San Sebastián. Aunque nunca pasaron dificultades económicas gracias al buen desempeño del negocio familiar, donde sus padres se centraron, sí hubo cosas de las que no pudieron disfrutar cuando eran pequeños y que el propio Gabilondo asumió con el tiempo y con la experiencia. A pesar de que la familia vivía en un inmueble de buen tamaño en pleno centro de Donosti, tener a 11 personas conviviendo en el mismo espacio nunca fue un proceso fácil, y menos aún sin grandes instalaciones: « Era una casa grande, pero íbamos empaquetándonos en las habitaciones . Había un solo váter y luego un baño con una ducha». Todo esto se trasladó también a alimentación, que podía ser mucho menos variada que en otros hogares españoles de la época. «A veces le suelo decir a Lola (su mujer) que he descubierto que había comidas que existían en el mundo cuando me hice mayor. En nuestra casa se comía como se podía », recuerda en el programa. Gabilondo insiste también en que, dentro de su entorno familiar, todo fue siempre de todos y que estaban obligados a compartir y heredar desde bien pequeños. « Algunos de mis hermanos estrenaron ropa por primera vez cuando se casaron . Hasta entonces, estaban heredando la ropa de los hermanos», explica en el espacio.
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