Diario de Noticias
Equilátero se aplica a las figuras cuyos tres lados son iguales. En el caso del trío Amatis, iguales en la excelencia de interpretación. Relativamente nuevo (2014), si lo comparamos con el místico Trío Beaux Art, u otros, debuta en nuestra ciudad, y nos ha sorprendido por su calidad; o sea compenetración en fraseo, respiración, regulación, etc. todo lo que caracteriza a un trío bien avenido. Salen a escena con la tapa del piano abierta del todo, lo cual ya preocupa un poco, porque el piano suele avasallar a la cuerda; pero no fue el caso, al contrario, el comportamiento del pianista (Mengjie Han) fue de referencia, tanto por sus intervenciones a solo, –el recorrido por las teclas agudas fue chispeante–, como por el cuidado a la sonoridad de sus colegas. El Trío con piano n.1 de Schubert es una de las obras más bellas y optimistas del repertorio, –increíble por su penoso estado de salud cuando lo compuso–. Todo fluyó con esa apariencia de facilidad que surge de la excelente versión: matices en pianísimo muy delicados, matices en fuerte con una sonoridad poderosa (parece increíble que sean sólo tres) e intervenciones solistas a cual mejores. Así que vayamos a los detalles. El piano prepara las entradas del violonchelo y el violín con sumo cuidado retomando la mínima sonoridad que les deja, para, a partir de ahí, ir desarrollándolo todo hasta el fuerte. Esto se hace durante toda la obra, y nadie solivianta los matices del otro. Una delicia el dúo entre violín y violonchelo (Lea Clara Hausmann y Samuel Shepherd, respectivamente), con total permiso del comedido acompañamiento del piano; es el segundo movimiento, con un final bellísimo. En el tercer y cuarto, combinan delicadeza y fortaleza de sonido, con entrañables y cariñosos pasajes y otros más turbulentos, (los mil olores del bosque vienés, a decir del musicólogo Harry Albreich).
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