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Nerea, obrera: "En mi primer día de trabajo mi jefe me preguntó si sabía usar un ‘jackhammer’ y dije que sí, aunque era la primera vez que lo veía" | Collector
Nerea, obrera:
Cope Zaragoza

Nerea, obrera: "En mi primer día de trabajo mi jefe me preguntó si sabía usar un ‘jackhammer’ y dije que sí, aunque era la primera vez que lo veía"

La historia de Nerea, una joven española que ha comenzado a trabajar como albañil en Australia, se ha convertido en un ejemplo de determinación y superación. En su primer día, se enfrentó a una situación inesperada que puso a prueba su carácter: la incredulidad de sus propios jefes al ver a una mujer en la obra. Al llegar a las siete de la mañana, el jefe de obra y el supervisor la recibieron con caras de sorpresa. “¿Qué quieres?”, le preguntaron, confundiéndola con una controladora de tráfico. La respuesta de Nerea fue contundente: “De traficontroles, nada bonito, que yo soy obrera albañil”. La reacción inicial de sus superiores fue de desconcierto. Según relata la propia Nerea, se miraron “con cara de haber visto un fantasma, superangustiados”. Ante la posibilidad de ser enviada a casa sin ni siquiera haber empezado, la joven decidió tomar la iniciativa y plantear una solución basada en sus derechos laborales en el país oceánico. Consciente de que la legislación australiana obliga a pagar un mínimo de cuatro horas si un trabajador es enviado a casa por causas ajenas a él, como la lluvia, Nerea hizo una audaz propuesta. “Por haberme hecho venir hasta aquí, ya me vas a tener que pagar cuatro horas y te vas a quedar con el trabajo sin hacer”, les espetó. Su plan era sencillo y directo: trabajaría durante esas cuatro horas, de siete a once de la mañana, y si al final de ese periodo no estaban satisfechos con su rendimiento, se marcharía. “A las 11 me dices si te gusta cómo trabajo y me quedo, o si sí, que me voy a casa”, sentenció. La propuesta fue aceptada y, acto seguido, llegó la primera prueba de fuego. El jefe le preguntó si sabía utilizar un ‘yajamer’ (jackhammer), un martillo neumático de gran potencia. Aunque Nerea ha confesado que “no sabía ni lo que era”, respondió con un rotundo “por supuesto” para no mostrar debilidad y demostrar su valía. Durante cinco horas seguidas, Nerea estuvo manejando el martillo neumático en el segundo piso de la obra. El esfuerzo físico fue extremo, hasta el punto de sentir que se le “desinsertan los hombros”. Sin embargo, su determinación era más fuerte que el agotamiento. Sabía que si no completaba la tarea, no solo quedaría como “inútil y floja”, sino también como una “bocachancla” por su atrevida propuesta inicial. Su único pensamiento era: “Nerea, aguanta, aguanta, aguanta”. Tras superar el desafío del martillo neumático, las tareas continuaron. Primero, tuvo que reordenar la basura de un contenedor. Después, le encargaron recoger todos los escombros que había generado en el segundo piso. En un intento por agilizar el trabajo, recogió los trozos más grandes y barrió los más pequeños hacia el piso de abajo, pensando que “ya lo limpiará otro”. Sin embargo, el destino le tenía preparada una lección. Justo cuando pensaba que había terminado, su jefe le ordenó recoger también todos los escombros que había tirado a la planta inferior. Esta tarea le llevó otras cuatro horas, subiendo y bajando cubos sin descanso. Fue en ese momento, mientras se encontraba en plena faena, cuando el jefe de obra se le acercó con una pregunta que lo cambió todo. “Nerea, ¿puedes venir mañana?”, le preguntó. La sorpresa de la joven fue mayúscula, pero la oferta no terminó ahí. Ante su respuesta afirmativa, el jefe añadió: “De hecho, ¿puedes venir toda la semana?”. Así, lo que empezó como un día lleno de escepticismo y prejuicios se transformó en una oportunidad laboral estable, demostrando que la capacidad y la determinación no entienden de género.

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