ABC
Tarde de contrates, de locuras y muchos sinsentidos. De intentar romper moldes, de arrinconar los cánones en busca de una presunta genialidad. Al final, Paco Ureña en la enfermería con una grave cornada y Antonio Ferrera a hombros tras una tarde de buen toreo sobrada de efectismos en aras a alcanzar un éxtasis, que no fue tal. El extremeño bordeó el tono circense cuando no le hacía falta, cuando ya había demostrado su temple, su capacidad para torear como el mejor a dos ejemplares de la desigual corrida de Adolfo Martín. Le cortó una oreja al buen cuarto en una faena a más, con lucidez, relajo y buen trazo al natural y a derechas con la muleta sin espada. Con... Ver Más
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