Ultima Hora Mallorca
Tal vez, la forma más eficaz de derrotar a los regímenes totalitarios sea dejar que sus ciudadanos puedan asomarse a la vida de los pueblos libres. No existe la libertad perfecta. Las democracias occidentales tienen sus miserias y desigualdades. Existe la libertad de poder hablar sin miedo, viajar, leer, protestar, elegir a los gobernantes, cambiar de opinión sin temor a ser encarcelados por una simple palabra. Los pueblos sometidos por gobiernos totalitarios no odian la libertad; no la conocen. Se les ha dicho que el mundo exterior es decadente, enemigo, corrupto y peligroso. Pero cuando prueban el bienestar, cuando ven que existen sociedades donde se puede vivir con cierta dignidad, consumir sin cartilla, informarse sin censura y prosperar, ¡ah, eso ya es otra cosa! La pluma es más poderosa que la espada y la invasión del bienestar puede ser más eficaz que la invasión militar. No bombardear. Hacer proliferar libros, becas, intercambios, tecnología, comercio, información, medicinas, oportunidades... Fue lo que ocurrió durante la Guerra Fría: los vaqueros, la música, el cine, los supermercados y la promesa de una vida más cómoda conquistaron más que muchos tanques.El bienestar occidental no es inocente. A menudo llega acompañado de capitalismo salvaje, consumismo, desigualdad, explotación de recursos. Pero ofrece la posibilidad de elegir. La guerra deja un rastro de ruinas, muertos y odios eternos. Consigue el efecto contrario: que los pueblos crean mejor la opresión en que vivían que la libertad que ofrece un invasor que asesina. Después de las bombas queda el resentimiento, la venganza, el fanatismo. ¿Cuándo la humanidad se revestirá de humanidad? ¿Cuándo comprenderemos que en lugar de vencer tenemos que convencer? ¿Cuándo seremos verdaderamente hermanos? ¿Cuándo antepondremos el amor a la guerra? Si algo nos distingue de las bestias es la capacidad de imaginar un mundo mejor y tender la mano al enemigo. Deberíamos renunciar a la ambición desmedida, a la lluvia de misiles para sembrar esperanza, abrir las ventanas a la libertad y no olvidar que dentro de cien años todos calvos.
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