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El día que el sueño del Concorde terminó para siempre: "El reventón de una rueda, un millón de euros y 113 vidas" | Collector
El día que el sueño del Concorde terminó para siempre:
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El día que el sueño del Concorde terminó para siempre: "El reventón de una rueda, un millón de euros y 113 vidas"

El Concorde ha sido uno de los mayores hitos de la historia de la aviación. Durante tres décadas, este avión supersónico surcó los cielos, convirtiéndose en un referente por su capacidad para romper la barrera del sonido. Su velocidad permitía reducir a la mitad trayectos como el de París a Nueva York, pero un trágico accidente y su alto coste operativo dictaron su final. De las 20 unidades fabricadas, solo 14 se destinaron a vuelos comerciales que marcaron una era de exclusividad y avances tecnológicos. El principio del fin llegó el 25 de julio del año 2000. Aquel día, un Concorde se estrelló en las proximidades del aeropuerto Charles de Gaulle de París, causando la muerte de 113 personas. Según la corresponsal Asunción Serena, el accidente se originó cuando el avión chocó con una placa metálica de 40 centímetros que había perdido en la pista un avión de Continental Airlines. El impacto provocó el reventón de una rueda y la explosión del depósito de combustible, precipitando la caída del avión un minuto y 28 segundos después del despegue. Este fue el único accidente mortal de un Concorde en sus 27 años de servicio, pero sus consecuencias fueron devastadoras para el futuro del avión. Aunque en el plano penal no se consideró a Continental Airlines responsable, la compañía fue condenada en el ámbito civil a pagar un millón de euros por daños a la imagen del Concorde. El suceso marcó un antes y un después, abriendo el debate sobre la seguridad y la viabilidad de los vuelos supersónicos comerciales. Juan Sebastián Montero, miembro del comité de sostenibilidad del Colegio Oficial de Ingenieros Aeronáuticos de España, explica que la experiencia de volar en el Concorde era única. Aunque la velocidad no se percibía en la cabina, en tierra operaba a 350 km/h, muy por encima de los 250 km/h de un avión convencional. Uno de los fenómenos más curiosos era la dilatación del fuselaje en pleno vuelo, llegando a alargarse hasta 30 centímetros debido al calor generado por la fricción con el aire a velocidades supersónicas. A bordo, el servicio era de un lujo extremo, con champán y vajillas de plata para un trayecto de menos de tres horas, pero el billete costaba unos 7.000 dólares de la época. ¿Sería viable hoy un avión así? Montero es tajante: "creo que no". Ni Boeing ni Airbus tienen planes para un avión similar en los próximos 20 años. "La tecnología lo permite, lo que no lo permiten son las finanzas y las cuentas", afirma, debido al altísimo consumo de combustible. Un Concorde volaba unas 800 horas al año, frente a las 4.000 de un avión moderno. En "La Noche de Adolfo Arjona" hablamos también de otros gigantes dominaron el cielo: los zeppelines. Creados a principios del siglo XX por el conde Ferdinand von Zeppelin, estos dirigibles ofrecían un lujo comparable al de los mejores cruceros, con comedores y salones con piano. Sin embargo, su uso no fue solo civil. Durante la Primera Guerra Mundial, el ejército alemán los convirtió en un arma letal para bombardear ciudades como Londres, sembrando el pánico entre la población. Ismael López, experto en la Primera Guerra Mundial, señala que la idea de usar los zeppelines con fines bélicos surgió en el contexto de la paz armada europea, donde cada avance tecnológico buscaba una aplicación militar. Los zeppelines militares eran adaptaciones de los civiles, equipados para transportar hasta 4.000 kilos de bombas y dotados de ametralladoras para su defensa. Atacaban de noche, en luna nueva, y apagaban los motores sobre sus objetivos para aumentar el sigilo, lo que hacía de la climatología un factor crucial para el éxito de sus misiones. El 31 de mayo de 1915 se produjo el primer ataque de un zeppelin contra Londres. Aunque no fue un bombardeo masivo como los de la Segunda Guerra Mundial, tuvo un potente impacto psicológico en la población británica, que vio cómo el Canal de la Mancha ya no era una barrera infranqueable. La mayoría de las víctimas fueron civiles, lo que les valió el apodo de "baby killers" (asesinos de bebés). La respuesta británica se basó en la artillería antiaérea y, sobre todo, en los cazas, que con munición incendiaria se convirtieron en la mayor amenaza para los dirigibles. La aviación también ha escrito páginas heroicas, como la del primer correo aéreo oficial. Este hito ocurrió el 18 de febrero de 1911 en la India, cuando el piloto francés Henri Pequet transportó más de 6.000 cartas en un vuelo de apenas 15 minutos. Según Diego Domínguez, subdirector de la Escuela de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad de León, el evento se enmarcó en una exposición universal del Imperio Británico para mostrar los avances tecnológicos de la época, entre ellos el potencial del recién inventado avión. Los inicios del correo aéreo, sin embargo, fueron peligrosos. Los primeros pilotos volaban sin radio, con instrumentación básica y en aviones frágiles. No fue hasta después de la Primera Guerra Mundial cuando la tecnología avanzó lo suficiente para establecer servicios regulares, como el que unió Washington con Nueva York en 1918. En España, la primera ruta aérea postal llegó en 1920, conectando Barcelona con Alicante y Málaga. En esta era de pioneros, una figura brilla con luz propia: Amelia Earhart. Fue la primera mujer que cruzó el Atlántico en solitario, un logro por el que recibió la Cruz Distinguida de Vuelo del Congreso Americano. Desafió las convenciones de su tiempo y se convirtió en un icono. Su pasión por volar la llevó a marcarse un objetivo aún más ambicioso: ser la primera mujer en dar la vuelta al mundo en avión. "Todo el mundo tiene océanos que cruzar, siempre que se tenga el coraje para hacerlo", afirmaba. En 1937, a punto de cumplir 40 años, emprendió su último gran vuelo. Cuando solo le faltaban 11.000 kilómetros para completar la hazaña, su avión desapareció en el Océano Pacífico. El 2 de julio de 1937 se perdió su rastro para siempre. La operación de búsqueda fue la más extensa de la historia naval estadounidense hasta la fecha, pero Amelia nunca apareció. Su desaparición conmocionó al mundo y forjó una leyenda que se mantiene viva hasta hoy.

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