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Un catedrático advierte sobre el “cóctel catastrófico” que alimenta los grandes incendios | Collector
Un catedrático advierte sobre el “cóctel catastrófico” que alimenta los grandes incendios
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Un catedrático advierte sobre el “cóctel catastrófico” que alimenta los grandes incendios

Medio Ambiente ha decretado el riesgo medio de incendios en Castilla y León por las altas temperaturas de los últimos días, una decisión técnica que se revisa a diario. En este contexto, el Catedrático de Producción Vegetal de la Universidad de Valladolid, Pablo Martín Pinto, analiza los factores clave y advierte que el problema de los incendios es "mucho más amplio" que la simple extinción. Para el experto, el verdadero reto no reside solo en programar la campaña y disponer de los recursos adecuados, sino en llevar a cabo "una muy buena prevención y, sobre todo, abordar una buena gestión del territorio". Martín Pinto insiste en la necesidad de una estrategia integradora que involucre a gestores, el sector rural, la sociedad y la universidad, ya que "todos los agentes implicados tienen que aportar para una solución más integradora". El diagnóstico de la situación actual es claro y se basa en varios factores interconectados. En primer lugar, el cambio climático, que se manifiesta no solo en un incremento de la temperatura e irregularidad de las precipitaciones, sino, de forma crucial, en olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, calificadas por el experto como "tremendas". A este factor se suma la acumulación de combustible en el monte, un problema directamente relacionado con la despoblación rural y la pérdida de usos tradicionales. Esta realidad genera "paisajes muy continuos, donde no hay una gestión forestal activa", creando lo que el catedrático define como un "cóctel que nos hace tener un diagnóstico de que al final la situación puede ser catastrófica". Martín Pinto subraya una idea fundamental para entender la magnitud del problema: "Los grandes incendios que hay, o estos mega incendios que tuvimos, por ejemplo, el año pasado, no empiezan siendo catastróficos, o sea, se vuelven catastróficos". Esto sucede porque el territorio, debido a las condiciones de abandono y acumulación de vegetación, "lo recibe y se desarrolla en unas condiciones de extrema gravedad". Una primavera especialmente lluviosa, como la que ha precedido a este verano, puede parecer una buena noticia, pero el experto advierte que es un arma de doble filo. Relata que el año pasado "tuvimos una buena primavera, tuvimos una primavera lluviosa" y, de hecho, la campaña fue "sobresaliente" hasta bien entrado julio gracias a la humedad en el terreno y en la vegetación. Sin embargo, la situación cambió de forma drástica con la llegada de "esos 10, 15 días de calor extremo absoluto". En ese momento, toda la biomasa acumulada por las lluvias y la falta de gestión previa "se convirtió en un enemigo". Es ese combustible disponible en un territorio sin una gestión activa lo que permite que "el fuego se propague sin control por esas condiciones extremas puntuales". La solución, por tanto, no reside únicamente en aumentar los efectivos de extinción para la campaña de verano. Recordando el dicho popular de que "los incendios se apagan en invierno", Martín Pinto corrobora que la clave es la prevención y un monte bien gestionado. Esto implica fomentar un aprovechamiento forestal sostenible, el uso de la biomasa, la micología o una agricultura activa, actividades que dependen de que haya actividad económica y población en el medio rural. "El mejor contrafuegos muchas veces es ese territorio que está vivo, digamos, que tiene población y que está gestionado", resume. Respecto a la diferencia de fechas entre el inicio de la campaña nacional (1 de junio) y la de Castilla y León (12 de junio), el catedrático se muestra cauto y respeta las decisiones técnicas de los gestores. No obstante, admite que con las temperaturas elevadísimas actuales, "puede pasar perfectamente que empecemos con mal pie", aunque la humedad acumulada podría retrasar los problemas. De cara al futuro, el gran reto es "la sinergia y la colaboración entre las instituciones" para abordar un "problema muy complejo" de forma multilateral. En este sentido, reivindica el papel de la universidad más allá de la investigación académica: "La universidad está para la sociedad, no estamos para hacer publicaciones científicas y ya está, estamos para transferir conocimiento". Para ello, propone impulsar proyectos piloto, la transferencia directa de conocimiento desde los investigadores, una "silvicultura preventiva más quirúrgica" adaptada a presupuestos limitados y, en definitiva, integrar la ciencia con la gestión forestal. "Podemos ser un actor clave para construir estos paisajes un poco más resilientes y reducir este riesgo de incendios catastróficos en las próximas décadas", concluye.

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