Faro de Vigo
Quienes me conocen saben de mi antipatía por el mercado de fichajes. Un periodo siniestro en el que durante tres meses circulan sin control rumores casi siempre interesados, cobran protagonismo personajes con apellido italiano que no son lo que dicen ser, la aplastante maquinaria del fútbol se pone al servicio de la cuenta de resultados de las agencias de colocación y los clubes, más tiesos que nunca, hacen equilibrios bajo la mirada (más o menos escrutadora porque eso también funciona a gusto del consumidor) del control económico de la Liga. Siempre digo que estas semanas el nuestro es un trabajo de desbroce que consiste en apartar las malas hierbas de la información. Cuesta hacerlo en un mundo donde quienes más saben callan y quienes más hablan mienten. O cuentan solo su verdad. Un galimatías que sin embargo genera una adición casi enfermiza en la opinión pública que se excita con cualquier nuevo nombre que pueda buscar en YouTube para hacer un análisis rápido pero definitivo gracias a una serie de vídeos que en muchos casos ha editado su propia agencia. A mí me gustaría enterarme de golpe de la composición de la plantilla de la próxima temporada, que alguien descorriese una cortina y apareciese Claudio (a poder ser sin la chaqueta cruzada) con los jugadores a los que dirigirá los próximos meses. Sin anestesia, a lo loco, como hacen ahora las selecciones para anunciar la lista de jugadores que se llevan al Mundial con esas piezas audiovisuales tan trabajadas que al final terminan siendo todas parecidas por mucho rey que aparezca en ellas. Sería un espectáculo que pondría a Twitter Celta a pedir las sales.
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