La Jornada
Empeñados desde siempre en salvarnos, sea física o espiritualmente, los poderes civiles y religiosos suelen centrar sus mensajes en lo positivo, lo esperanzador, la defensa de sus respectivas verdades, y evitan, hasta donde pueden, mencionar a gobernados y creyentes conceptos perturbadores que contribuyan al desánimo o advertencias que disminuyan su rendimiento y productividad. La consigna de los poderes es ser positivos, más que veraces.
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