La Jornada
El centro político está muerto. Quienes insisten en buscar el “centro político” como un espacio de conciliación y pragmatismo técnico están persiguiendo un fantasma. El centro no sólo se ha desdibujado; ha dejado de existir porque el sistema de incentivos actual castiga la moderación. Hoy, la política no busca persuadir, sino movilizar a través de la fractura.
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