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La Escuela de Folclore de Huesca cierra un curso de récord
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La Escuela de Folclore de Huesca cierra un curso de récord

El mes de junio marca el final de una etapa para muchos estudiantes, y la Escuela de Folclore y Música de Huesca no es una excepción. La institución se prepara para cerrar un curso que su director, Roberto Ciria, califica de rotundo éxito, con una serie de actuaciones que demuestran la excelente salud de la música de raíz. El fin de curso se ha convertido en un momento clave donde "todo el mundo quiere colaborar, todo el mundo quiere participar", asegura Ciria, reflejando el entusiasmo que rodea a la escuela. La primera de estas celebraciones ya ha tenido lugar en el pabellón de CHimillas, un evento que reunió a casi 50 cantadores y cantaoras y numerosas parejas de baile de todas las edades. Desde niños hasta un grupo de jubilados, los alumnos del "curso básico" mostraron sus habilidades en jotas, cantos grupales y otras expresiones del folclore, acompañados por la rondalla de la escuela. Este festival representa la base tradicional de la institución, el punto de partida para muchos de sus miembros. Pero el éxito de este año no se ha basado solo en la tradición, sino también en la innovación. Una de las grandes novedades ha sido el curso de "Canto y percusión en la península", una propuesta que explora el folclore más allá de las fronteras de Aragón. La iniciativa superó todas las expectativas. "La verdad que este año lo planteamos un poco decir, venga, a ver si podemos reunir a 15 alumnos", confiesa Ciria. La realidad fue una "locura" de inscripciones que congregó a cerca de 45 alumnos, divididos en niveles de iniciación y avanzado. Para impartir este taller intensivo, que se ha desarrollado un sábado al mes desde octubre, la escuela ha contado con Alba Chacón, una profesora de Madrid considerada "una de las top que tenemos en este género en España". Los alumnos han aprendido a tocar instrumentos tradicionales como el pandero cuadrado, la pandereta, el almirez, las cucharas o las vieiras, herramientas cotidianas de los antepasados que ahora suben al escenario para demostrar su enorme potencial musical y escénico. El resultado de este exitoso curso se podrá ver este mismo viernes a las 20:00 horas en la sala Bendita Ruina de Huesca. Se trata de una muestra de fin de curso abierta a todo el público, con una entrada simbólica de 5 euros destinada a cubrir gastos. Ciria invita a la gente a asistir para disfrutar de un espectáculo diferente, que abarca desde Galicia al País Vasco, Castilla, Andalucía o Cataluña, y también como una oportunidad para que futuros alumnos se animen a participar el próximo año. La apuesta por la recuperación de tradiciones no termina ahí. El próximo martes 16 de junio, a las 19:30 horas, la Sala Azul del Casino de Huesca acogerá otra gala de fin de curso. En esta ocasión, los protagonistas serán los alumnos de Rondalla y los de otra nueva y valiosa propuesta: el curso de Chiflo y Salterio, dos instrumentos emblemáticos del folclore aragonés. Este curso, impartido por el profesor Salvador Cored nació con el objetivo de evitar que "un instrumento precioso" como el chiflo se pierda. Hasta ahora, no existía una figura de profesor en la capital oscense, y la escuela ha querido llenar ese vacío. "Intentamos que a aquel que le llame la atención tenga la opción de por lo menos aprender a tocarlo", explica Ciria, satisfecho con la acogida y el entusiasmo de los nuevos alumnos. Más allá del éxito de las nuevas propuestas, Roberto Ciria destaca un fenómeno que considera fundamental para el futuro del folclore: el creciente interés de la gente joven. Aunque las personas mayores siempre han mostrado apego a la tradición, "lo bueno de esto ahora que hay mucha corriente de de gente más joven", de entre veinte y treinta años, que se acercan con ganas de aprender a cantar y bailar la jota o a explorar otras músicas de raíz. El director de la escuela tiene una teoría sobre este resurgimiento. En un mundo saturado de estímulos musicales de todo tipo gracias a las plataformas digitales, que considera "maravilloso", surge una necesidad de conexión con lo propio. "La gente joven dice voy a ver de dónde he salido yo y  luego ver a dónde podemos llegar", reflexiona Ciria. Es una búsqueda de la identidad, un deseo de "beber de la raíz para luego hacer, innovar, hacer nuevas cosas". Con esta filosofía, la Escuela de Folclore y Música de Huesca ya tiene la vista puesta en el futuro. Durante este mes de junio, el equipo directivo se reunirá para planificar el curso 2026-2027, con la intención de incorporar más novedades. Las inscripciones y las propuestas definitivas se lanzarán a finales de agosto, pero el camino ya está trazado: seguir trabajando para que la música tradicional no solo se conserve, sino que siga evolucionando y emocionando a nuevas generaciones.

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