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La celebración del Corpus de Toledo posee una peculiaridad única: la misa que precede a la procesión se oficia siguiendo el rito hispano-mozárabe, una liturgia con más de mil años de historia. Para desgranar las claves de esta tradición, el padre Diego Figueroa Soler, miembro de la Asociación Hispano Mozárabe Gothia, explica su significado, sus orígenes y su pervivencia en la actualidad. El rito hispano-mozárabe no surgió de un día para otro. Según Figueroa Soler, es el resultado de "siglos de preparación". Para hablar de sus inicios hay que remontarse a la liturgia visigótica de los siglos VII y VIII, considerados los de "máxima creatividad". Este rito tiene raíces aún más profundas, con elementos que se remontan a la época de los romanos en España. El término 'mozárabe', sin embargo, aparece durante la dominación musulmana de la península, a partir del siglo VIII o IX. Es en este contexto de convivencia y resistencia donde la liturgia hispánica adquiere la denominación con la que ha llegado hasta nuestros días, consolidándose como un pilar de la fe para las comunidades cristianas de la época. Aunque comparte las dos partes fundamentales de cualquier misa —liturgia de la palabra y liturgia eucarística—, el rito mozárabe presenta diferencias notables. La primera es la riqueza de su liturgia de la palabra, que es "más extensa, más profusa". Siempre incluye, como mínimo, tres lecturas: "una profecía, un apóstol, un evangelio", e incluso una más durante la Cuaresma. Una de sus características más distintivas nace como respuesta al arrianismo, que negaba la divinidad de Jesucristo. El rito "remarca la importancia de que Jesucristo es Dios, igual que el Padre". Esta defensa teológica se manifiesta en una constante exaltación de la Santísima Trinidad, con oraciones que repiten la idea de un Dios trino y uno" para reafirmar este dogma central de la fe. El simbolismo es otro pilar fundamental. El número siete impregna toda la celebración: siete velas, siete oraciones, una clara referencia al libro del Apocalipsis. Figueroa Soler aconseja a quienes asistan a la ceremonia que se pongan "las gafas de la Carta a los Hebreos y del Libro del Apocalipsis, porque es la manera de entender desde la Sagrada Escritura lo que van a poder contemplar". La supervivencia de esta liturgia milenaria se debe en gran parte al cardenal Cisneros, quien en el siglo XVI instituyó la Capilla del Corpus Christi en la Catedral de Toledo con el mandato de que nunca se dejara de celebrar en ella. Fiel a ese legado, la Catedral "celebra todos los días el rito hispano-mozárabe". Además de en Toledo, el rito se celebra semanalmente en Madrid y Alcalá de Henares, y de forma esporádica en muchos otros puntos de España, como Córdoba, a menudo ligado a la festividad de un santo de la época. Figueroa Soler subraya su carácter de resistencia: "La iglesia mozárabe es una iglesia martirial. Nace en tiempo de persecución por los romanos y sobrevive en la musulmana". Figueroa Soler confirma que el rito es "católico" y tiene la misma validez que el romano. "Cualquier católico que vaya a una misa en rito hispano-mozárabe respira el mismo aire católico que en una misa en rito romano, lo único que ve acentuados algunos aspectos peculiares", asegura. A nivel personal, el sacerdote destaca que es "un rito muy participativo", con "mucho diálogo" entre los diáconos, el sacerdote y el pueblo. También resalta el gesto de la oración "que se dirige hacia la cruz, que se dirige hacia oriente", como un poderoso símbolo de esperanza. Finalmente, el padre Diego Figueroa Soler concluye que uno de los aspectos más hermosos de esta liturgia es su capacidad para inspirar a los fieles. "Es una celebración que anima mucho, levanta el corazón a quien participa en ella", afirma, resumiendo la profunda conexión espiritual que ofrece.
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