El Periódico Extremadura
33 primaveras tenía la princesa Carolina de Mónaco cuando perdió a Stefano Casiraghi, el gran amor de su vida. Ambos se conocieron durante el verano de 1983, en un crucero de vela y a través de un amigo común, Robertino Rossellini. Ella estaba de luto por la trágica pérdida de su madre, Grace Kelly, y Stefanoi, un joven y guapo empresario italiano, se ganó enseguida su corazón con su forma de ser cálida y sincera. Se casaron en diciembre de aquel mismo año (como la Iglesia Católica aún no se había pronunciado sobre la nulidad del matrimonio de Carolina con el financiero francés Philippe Junot, tan solo hubo ceremonia civil) y tuvieron juntos tres hijos (Andrea, Pierre y Carlota). Por lo que cuentan, Stefano proporcionó bastante tranquilidad a una princesa que durante años arrastró el sambenito de rebelde y casquivana. Pero su bonito cuento de hadas terminó abruptamente el 30 de octubre de 1990, cuando el italiano falleció de forma accidental mientras participaba en una carrera de lanchas en la bahía de Montecarlo.
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