Faro de Vigo
Mónica pasó 23 años como misionera consagrada. 12 en Latinoamérica y otros 11 en España. Estudió Teología Moral en la Universidad Católica, donde conoció a Bergoglio, el anterior Papa. Es lesbiana y nunca ha tratado de esconderlo. Ni siquiera dentro de la congregación. “Lo dije nada más entrar y nunca fue un impedimento. Me he dedicado al señor y a los demás la mitad de mi vida y he vivido mis votos de pobreza, castidad y obediencia lo mejor que he sabido”, relata. Todo cambió en 2020, con la llegada de la pandemia. Algo en ella cambió y decidió romper con todo para vivir su sexualidad de forma libre: “Todos pasamos por diferentes crisis a lo largo de los años. Me di cuenta de bastantes cosas que no me gustaban y, al volver de Argentina dejé mi vida como misionera. No tenía nada que ver con mi orientación. No sabía que pasaría con mi vida, pero Dios me puso delante a la mujer de mi vida, con la que me casaré la semana que viene”. La madrileña encontró el refugio que buscaba en CRISMHOM, una comunidad queer y cristiana en la capital.
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