La Opinión de Murcia
Hay una escena que se repite cada junio en España con la puntualidad de las cigarras, el calor pegajoso y los mensajes de madres en mayúsculas en el grupo de WhatsApp: un estudiante entra en el aula de la PAU convencido de que se juega la vida, el futuro y probablemente también la estabilidad emocional de toda su familia. Lleva tres bolígrafos, una botella de agua, dos subrayadores, el DNI a medio caer del bolsillo… y la sospecha íntima de que el tribunal está ahí para destruirle.
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