COPE
Vecinos de Herrera de Duero (Valladolid) han mostrado su rechazo a la construcción de una planta de biogás a 400 metros de sus casas. Denuncian el riesgo de contaminación por la emisión de gases como dióxido de nitrógeno o dióxido de azufre, el impacto en su vida rural y el peligro de filtraciones por la proximidad al río Duero, ya que parte del terreno es inundable. El proyecto, vinculado a la Granja Conchita, prevé tratar más de 50.000 toneladas de residuos anuales. Desde Nortegas, empresa responsable de la instalación, su director de expansión, Juan Ignacio Rey, ha asegurado en Mediodía COPE que se han reunido con los vecinos para explicarles que no hay motivos para su preocupación. Rey entiende la inquietud ante una instalación “novedosa”, pero la enmarca en la necesidad de una industria ganadera con casi 150 años de historia de “mejorar su gestión ambiental con el mejor proceso existente”. El proceso se basa en la digestión anaerobia, que según Rey es como “replicar prácticamente el estómago”. Los residuos se introducen en digestores herméticos y sin contacto con la atmósfera, donde se aprovechan los gases que de otra forma generarían malos olores. El resultado principal es el digestato, una enmienda orgánica estabilizada, libre de patógenos y, fundamentalmente, “que no huele”. Además, este proceso tiene un “aprovechamiento energético”, ya que se capturan las moléculas que se escapan a la atmósfera. La planta generará 20 gigavatios hora (GWh), el equivalente al consumo de unas 5.000 viviendas, que se inyectarán en la red nacional de gas. Los primeros consumidores, físicamente, serán los del entorno más cercano. Uno de los puntos clave es la eliminación de los malos olores, un problema que municipios como La Cistérniga arrastran desde hace años, según su alcalde, Alberto Redondo. Juan Ignacio Rey defiende que, lejos de crear nuevos olores, el objetivo es capturar los existentes. “Lejos de generar olores, lo que tenemos que hacer es capturar los malos olores que hay ahora”, ha afirmado. Nortegas también descarta un impacto negativo por el tráfico, que se limitará a “cuatro o cinco camiones diarios” en horario laboral y evitando cascos urbanos. Sobre las emisiones, insiste en que el proceso es estanco y busca precisamente “capturar esos gases para que no se vayan a la atmósfera”. El proyecto creará entre cinco y siete empleos directos para el mantenimiento y control de la planta, y unos 40 empleos durante la fase de construcción. Aunque la iniciativa comenzó en 2020 y ya cuenta con la autorización ambiental integrada de la Junta de Castilla y León, todavía están pendientes los permisos urbanísticos del Ayuntamiento de La Cistérniga. Una vez obtenidos, la construcción tardaría entre 10 y 12 meses.
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