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Caras como la suya están dispuestas a alzar la mirada, que es lo que nos propone el Papa León XIV, inspirado por el evangelio que recogió San Juan. Su nombre es Óscar Oliva , es colombiano de nacimiento y será uno de los cuatro jóvenes que gozará de la bendición de vivir la llegada del Santo Padre desde un lugar «muy especial». Tanto que no sabe ni cuál es, si tendrá contacto directo con el sucesor de San Pedro o si participará en la vigilia del sábado en la plaza de Lima. Así lo ha querido el Señor, la providencia y la Archidiócesis, que han hecho que cuatro jóvenes pertenecientes a la Iglesia sevillana den un paso al frente y alcen la mirada en este viaje histórico donde Sevilla tiene mucho que decir. Justo a la hora en la que el Papa León XVI comience la vigilia de oración en una atestada plaza de Lima de Madrid este sábado, la Virgen de la Candelaria saldrá en procesión por el complejo barrio de Los Pajaritos, una de las zonas más empobrecidas y vulnerables que existen en Sevilla, cuya parroquia, junto a la de la Blanca Paloma, abre las puertas a este periódico. Allí se sigue respirando austeridad por los cuatro costados, aunque el paso de la Candelaria esté listo a falta de ponerle flores. Su salida coincidirá con la llegada de Su Santidad a la capital española, todo un acontecimiento, de ahí que la Archidiócesis de Sevilla haya preparado el viaje más esperado por 1.200 peregrinos que partirán desde Andalucía, y de los cuales cuatro han obtenido una invitación especial directa del Santo Padre. Uno de los agraciados responde al nombre de Óscar Silva, un joven colombiano que llegó a Sevilla hace cuestión de cuatro años, y que ahora tendrá la oportunidad de representar a parte de la juventud de la diócesis en tan magno acto que albergará la capital española. Él nació en el centro de Colombia, en Bucaramanga, a seis horas de Bogotá, donde tantas horas dedicó hace años el prelado agustino al que todavía apellidaban Prevost. Y a sus 19 años colabora como monaguillo en el templo. «El Señor nos ha llamado a su conversión», dice a las puertas de la parroquia de la Blanca Paloma, donde el Gran Poder de Dios hizo verdad su sendero y nos apeló a cargar con su Cruz. A lo que el enladrillado retablo de la Blanca Paloma parece responderle: «Proclama mi alma la grandeza del Señor». «Mi madre se vino a Sevilla hace años y mi padre se quedó en Bogotá». Fue entonces cuando su abuela, oriunda de Silos, le hizo profundizar en el misterio de la fe, ya que su padrastro «la trataba muy mal» y ella siempre mantuvo la esperanza de vivir una vida mejor confiando en Dios. «Estudié en el San Nepomuceno Rojas, donde conocí a Manolo y Fran, sacerdotes en Los Pajaritos junto a Alberto Jesús», enumera. Al principio, su papel en la misión sevillana con destino Madrid tenía que ver más con ser monitor de los niños que con esta lotería que también ha recaído en un joven de Tocina y dos de Los Remedios. «No sé si voy a hablar con el Papa, si le daré la mano o participaré en la misa, pero tengo muchas preguntas que hacerle», asegura. Él se considera fascinado por la visión misionera del Papa León XIV, y de sus inquietudes lo que más le mueve es preguntarle por su vocación. «Fue una sorpresa su elección, pero no para el Espíritu», afirma con madurez impropia de su edad. Compara Los Pajaritos con Miami por la presencia latina. Pero es consciente de que sendos lugares no cuentan con una fama ni mucho menos parecida. «Poder ir en nombre de este barrio aunque no naciera aquí es necesario para poder recuperar su parte más olvidada. En Los Pajaritos estamos organizando misiones para todo el barrio», reivindica. Eso fue un máster para él, ya que ha tenido que ver realidades muy duras pese a su bisoñez. «Fui a un piso abandonado donde la gente se droga y hay okupas», relata. Tras formarse con la ESO, Oliva hizo un grado medio en emergencias sanitarias gracias a la Fundación Sopeña, y luego hizo prácticas en Protección Civil. Su aspiración profesional pasa por profundizar en el área de la psicología o en otro terreno de las ciencias sociales. Lo que le viene ahora es una experiencia vital. «Me fascina que venga el Papa a España, aunque estuvo cerca de venir a Sevilla, lo que demuestra que esta es una tierra mariana y católica», añade este joven cafetero. A día de hoy sigue sin creérselo Oliva, que estará muy pendiente de todo ese sector G4 en el Paseo de la Castellana donde «hará lío», como pedía el Papa Francisco, toda la juventud hispalense. «Si puedo enseñarle una devoción de Sevilla al Papa León XIV, esa sería la Virgen del Amor Hermoso, la de mi colegio de Nervión». Justo la que visitó al Señor de Sevilla cuando llenó con sus pies rotos cada grieta de Los Pajaritos. «Soy mucho de Guadalupe también», recalca. Una por la que suspiraba la abuela de Óscar Oliva. «La venida del Papa a España habla de que la fe está más fuerte que nunca», valora.
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