COPE
La comunidad científica intensifica la búsqueda de vida extraterrestre en el cosmos, con el foco puesto en un planeta situado a 124 años luz de la Tierra: K2-18 b. En 'Herrera en COPE', el escritor y experto Javier Sierra ha desgranado junto a Alberto Herrera los últimos esfuerzos y las nuevas teorías que podrían cambiar para siempre cómo rastreamos el universo en busca de una civilización tecnológica. Sierra ha explicado que la investigación se divide en dos grandes ramas: la búsqueda de 'biofirmas' y la de 'tecnofirmas'. Las primeras se centran en "planetas que tuvieran atmósferas parecidas a la nuestra", mientras que las segundas abarcan un espectro más amplio, desde "señales extraterrestres a atmósferas que tuvieran una contaminación, por ejemplo, por la combustión de combustibles fósiles". El planeta K2-18 b se ha convertido en un objetivo prioritario. Descubierto en 2015, su relevancia creció exponencialmente en 2025, cuando se detectaron en su atmósfera "gases generados por bacterias y fitoplancton marino", un hallazgo que sugiere la presencia de vida biológica. Este descubrimiento, explica Sierra, "despertó todas las alarmas" e impulsó al proyecto SETI a buscar posibles señales de radio de una civilización. Para ello, se han utilizado dos de los complejos de radiotelescopios más potentes del mundo: el 'Very Large Array' de Nuevo México, con sus 27 antenas, y el 'MeerKAT' en Sudáfrica, que cuenta con 64. A pesar de la avanzada tecnología, el resultado ha sido el "silencio radio", no se ha captado ninguna señal aparente procedente del planeta. La ausencia de señales no ha desanimado a los científicos. De hecho, ha abierto una nueva e intrigante vía de investigación. Sierra ha destacado un estudio reciente del 'Astrophysical Journal' que alerta de una posibilidad fascinante: "A lo mejor, muchas de esas señales están en la carpeta de spam, es decir, que las hemos captado, pero no les hemos dado el rango de posible señal de radio extraterrestre". La teoría postula que las señales de banda estrecha que se buscan habitualmente, al pasar cerca de una estrella, "se pueden deformar y convertirse en banda ancha", perdiéndose en el ruido de fondo cósmico. La buena noticia, según Sierra, es que ya se trabaja en "un filtro que permita, en esas señales de banda ancha que parece que no contienen nada y que son ruido, determinar si hay una señal artificial incrustada en ellas". Esto permitiría revisar 60 años de señales captadas. Un ejemplo de este masivo análisis de datos fue el proyecto 'SETI@home', que funcionó entre 1999 y 2020. Mediante un salvapantallas, millones de ordenadores domésticos ayudaron a analizar 12.000 millones de señales. De ellas, se aislaron 100 como potencialmente interesantes, aunque para ser confirmadas, el protocolo exige que sean captadas de nuevo por otros observadores para descartar fallos. Recientemente, el gigantesco radiotelescopio FAST de 500 metros en China ha apuntado hacia el origen de esas 100 señales. Sin embargo, tras 15 minutos de observación para cada una, "en ningún caso, eso lo acabamos de saber en estos días, hemos recibido otra vez otra señal". A pesar de ello, Sierra es optimista: "La búsqueda se está afinando cada vez más y dicen los científicos que es cuestión de poco tiempo que pueda saltar la alarma definitiva". La conversación también ha explorado conceptos que parecen sacados de la ciencia ficción pero que cada vez ocupan más espacio en las publicaciones científicas. Se ha hablado de las 'esferas de Dyson', megaestructuras para recolectar la energía de una estrella, o de las 'sondas de Von Neumann', robots autorreplicantes que podrían explorar la galaxia durante milenios. Sierra ha señalado que incluso se teoriza con que el telescopio FAST podría detectar las comunicaciones entre estos "enjambres de vida tecnológica alienígena" si se estuvieran acercando a la Tierra. "Todo esto, que parece ciencia ficción, cada día ocupa más páginas en las revistas científicas del ramo, lo cual no deja de ser fascinante", concluye.
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