Cope Zaragoza
La emoción es palpable en el centro de adicciones de Cáritas Madrid a solo cuatro días de la visita del Papa. Para las personas en situación de gran vulnerabilidad que acuden allí, el encuentro es un motivo de esperanza y un reconocimiento. Así lo explica Alba Martín, educadora social del centro, que ultima los detalles para la llegada del Santo Padre. Una de las personas que recibe ayuda en el centro expresaba su deseo de que el Papa "que nos diera luz a todos", un sentimiento que, según Martín, resume la expectación general. La visita se percibe como un gesto de cercanía hacia los más desfavorecidos, aquellos de los que la sociedad a menudo se olvida. Los usuarios del centro han preparado un regalo muy especial para el pontífice: la réplica de un árbol que se usará en el acto de la pastoral social. Este árbol, formado por piezas que se entrelazan, está cargado de simbolismo y representa "la capacidad que tienen las personas con los apoyos necesarios de poderse reconstruir", explica la educadora social. El obsequio no solo habla de la reconstrucción personal, sino también de la colectiva. Simboliza cómo todos los que acompañan a estas personas pueden contribuir a reconstruir la sociedad para que sea más justa e igualitaria. El centro de día de Cáritas, que cuenta con 30 plazas, asiste a personas con un historial de consumo prolongado que necesitan refuerzo en sus tratamientos. El objetivo es dar soporte a la necesidad ocupacional de quienes atraviesan un problema de adicción, ofreciendo talleres formativos, de ocio, tiempo libre y deporte. La adicción destroza a la persona, que a menudo llega en situación de calle y habiendo perdido todos sus vínculos. El trabajo del centro se enfoca en "volver a reconstruir a la persona que vuelva a encontrar su identidad antes del consumo y después del consumo". Es un proceso de reaprender y volver a vivir de otra manera. La visita del Papa, que entra en Madrid por la puerta de la caridad, es valorada muy positivamente por los usuarios. Para ellos, este acto tan cargado de simbolismo supone un reconocimiento y será un espacio de aliento y de esperanza en su difícil camino hacia la recuperación.
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