COPE
El inicio de la Selectividad para casi 300.000 alumnos ha puesto de manifiesto la creciente sofisticación en los métodos para copiar. Ante esta realidad, al menos 13 comunidades autónomas, entre ellas Madrid y la Comunidad Valenciana, han decidido implementar detectores de frecuencia para combatir el uso de dispositivos como los 'nanopinganillos', unos auriculares tan diminutos que son casi imperceptibles para los profesores. Estos 'nanopinganillos', no más grandes que una lenteja, suponen además un riesgo para la salud. Tal y como se informó en el programa 'La Tarde' de COPE, varios otorrinos han tenido que extraer estos aparatos del conducto auditivo de estudiantes, con el consiguiente peligro de causar lesiones en el tímpano. Algunos alumnos llegan a retirar la protección de silicona para introducirlos más profundamente, lo que complica su extracción con el imán diseñado para ello y obliga a acudir a urgencias. La picaresca no es nueva, aunque sí sus métodos. En el programa de radio presentado por Pilar García Muñiz, un estudiante llamado Pedro relató su propio intento fallido de copiar hace años usando lo que él describió como un "transistor". Durante un examen de recuperación, el volumen del auricular era tan alto que "se escuchaba como si estuviera escuchando un partido de fútbol", lo que levantó las sospechas de la profesora. El pánico se apoderó de Pedro, quien confesó no haber "tenido más miedo en mi vida". Ante la posibilidad de ser descubierto, salió "corriendo de allí", se deshizo del dispositivo en el baño y, como consecuencia, suspendió el examen y perdió el aparato que había alquilado. Héctor Esteban, director de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), explicó cómo funcionan estos nuevos sistemas de vigilancia. Los detectores "escanean el espectro radioeléctrico" y, si detectan "la presencia de cualquier radiación electromagnética" como WiFi, Bluetooth o 5G, emiten una alerta en forma de pitido o vibración. En la UPV, el protocolo es estricto: los alumnos no pueden tener ningún dispositivo encima, ni siquiera apagado, que debe permanecer en la mochila y fuera del aula. Esteban señala que los detectores son pequeños y discretos, "como un bolígrafo", y pueden llevarse en un bolsillo en modo vibración para que solo el vigilante se percate de la alerta. La experiencia en la UPV, donde se usan desde el año pasado, demuestra que la medida es "bastante efectiva" y, sobre todo, disuasoria. "El objetivo es no que no utilicen estos métodos y no pillar a nadie", afirmó Héctor Esteban, quien subraya que la meta es que los estudiantes vean que corren un riesgo y opten por no copiar. Los alumnos honestos, de hecho, han confirmado que estas prácticas han disminuido. Esteban también compartió la anécdota de una alumna que fue descubierta cuando su conexión Bluetooth con el pinganillo falló y "el audio que le estaba enviando a los pinganillos, que es la solución del examen, empezó a emitirlo el móvil, pues, a oídos de todo el mundo". La implantación de estas tecnologías convierte a los profesores en una especie de "policías", un rol que genera incomodidad. Héctor Esteban admitió haberse encontrado con "mucha resistencia" de compañeros que le decían: "es que yo no soy policía, esto no es mi obligación". Sin embargo, sintió la "responsabilidad" de actuar tras las quejas de estudiantes honestos preocupados por el aumento del fraude. La sofisticación de las trampas es tal que un profesor le contó a Esteban cómo una alumna le alertó escribiendo en el folio del examen: "por favor, presta atención porque están copiando a saco". Los tramposos se compinchan: uno distrae al profesor mientras otro, en el otro extremo del aula, aprovecha ese "segundo" para fotografiar el examen y obtener la solución de una inteligencia artificial como ChatGPT o Gemini. Durante el debate, el escritor Lorenzo Silva planteó si no se deberían "rediseñar un poco los modelos de examen" para que la copia sea "absolutamente inútil". Una idea que busca atacar la raíz del problema en lugar de centrarse únicamente en la vigilancia. En respuesta, Héctor Esteban consideró que es una vía "muy complicada", ya que la inteligencia artificial es "muy inteligente" y crear exámenes a su prueba podría perjudicar al "estudiante honesto" con una complejidad excesiva. Además, descartó los trabajos en casa por estar "hechos todos con inteligencia artificial". Como "gran alternativa viable", Esteban señaló los exámenes orales, un método de evaluación tradicional en países como Italia. También mencionó la defensa oral de trabajos hechos con IA, aunque las primeras experiencias indican que los alumnos "no se han enterado de nada" del contenido generado por la tecnología, lo que evidencia la necesidad de un cambio profundo en la forma de evaluar.
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