Collector
'Se tiene que morir mucha gente': moderneo femenino, arroz con leche y Bitter Kas | Collector
'Se tiene que morir mucha gente': moderneo femenino, arroz con leche y Bitter Kas
ABC

'Se tiene que morir mucha gente': moderneo femenino, arroz con leche y Bitter Kas

Existen hombres y mujeres de belleza extraña que están a la misma distancia de ser guapos que de ser feos, sin ser explícitamente ninguna de las dos cosas ni pasar por la casilla de normales. Han estado muy cerca de nacer abiertamente bellos, pero también indiscutiblemente deslucidos. Yo, que necesito epígrafes ajustados y rigurosos para circular por la vida, que lo indefinido me desestabiliza, les miro fijamente, me concentro mucho, y no acabo de saber si son una cosa o la otra, o ninguna. Me pasa con Natalia de Molina y con Susana Abaitua . Y me pasa con Zachary Quinto y con Barry Pepper . Me pasa también con el arroz con leche: nunca tengo claro si me entusiasma o me da asco. 'Se tiene que morir mucha gente' es, a las series españolas, lo que el arroz con leche a los postres y lo que Natalia de Molina a las actrices: ni sí ni no. Empecé a verla porque la creadora (y guionista y directora y autora del libro en el que se basa) es Victoria Martín, la mitad de 'Estirando el chicle' , epítome del moderneo femenino. Y a mí, con el moderneo femenino, me pasa como con los accidentes de tráfico: me espantan pero no puedo evitar estirar el cuello para verlo todo si me los tropiezo. El moderneo femenino, les cuento, consiste en ser mujer, reunir todos los tópicos del wokismo, salpimentar con humor ceñido al discurso del feminismo hegemónico, decir algun improperio y tirar de escatología . El moderneo femenino nos ha dado a Inés Hernand, nos ha dado a Henar Álvarez, a Eva Soriano, a Lalachus. Todas son descaradas, deslenguadas y procaces, pero con esa incorrección medida que nunca descarrila. Porque, si se salen de la línea marcada, son llamadas al orden enseguida. Y darán la disculpa pertinente, se arrepentirán y culparán, yo qué sé, al capitalismo y al opresor heteropatriarcado estructural, y a la noche y a la lluvia. Sirva como ejemplo de esto cuando las chicas de 'Estirando el chicle', precisamente, invitaron a su programa a Patricia Sornosa y, ante la que les cayó por parte de colectivos LGTBIQ+, antes siquiera de estrenarlo, optaron por desaparecer, primero, y emitir un comunicado disculpándose y dando la razón en todo a la turba enfurecida, después. Porque ahí fuera hace mucho frío . Empecé a ver 'Se tiene que morir mucha gente' pensando que me tragaría la típica serie de chicas de moderneo femenino y, efectivamente, es moderneo femenino: ellos (los pocos que salen) son machistas o estúpidos, ellas son neuróticas e irresponsables, hay una lesbiana, escatología gratuita, denuestos y no se sale ni un milímetro de lo políticamente correcto impuesto por el discurso imperante con apariencia de incorrección. Es decir, la pelota bota siempre donde debe pero con florituras. Parece que arriesga, pero no. Ese es su gran mérito. Ese, un título que promete más de lo que ofrece y ahorrarnos el bochorno de, encima, venirnos con moralejas o bronquitas. No es brutalmente conmovedora, ni mordazmente divertida, ni radicalmente desprejuiciada, ni tremendamente innovadora. Pero podría haberlo sido. Sin embargo se queda siempre a punto, es un «casi» brutalista. Como si le diera miedo arriesgar de verdad. Pasan cosas pero los personajes no evolucionan, la trama no avanza, nadie aprende nada y nada de lo que ocurre sirve para nada. Al acabar de verla está uno igual que antes de hacerlo, pero sin la sensación de haber perdido el tiempo ante algo malo de solemnidad. Como cuando se queda con un viejo amigo para tomar algo, sin ganas, por compromiso, y al volver tampoco ha ido tan mal. Pero no volvería. Podría haber estado bien, pero también podría haber estado peor. Arroz con leche, Barry Pepper, Bitter Kas.

Go to News Site