ABC
¿Y quién es ella? La polifacética Vicky Martín Berrocal aparecía por la Romería del Rocío junto a una mujer de aspecto distinguido y probablemente muy popular hace no demasiado tiempo. Efectivamente, era ella: Silvia Gómez-Cuétara. Empresaria, socialité y millonaria, sus 61 años de vida han dado para mucho y ahora resurge en la vida social española después de dos años apartada de todo tras sufrir varias desdichas. Siempre ha sido considerada una de las mujeres más elegantes de España y vivió años de esplendor social como heredera del impresionante imperio alimenticio que creó las legendarias galletas María. Oculta durante este tiempo, decidió liarse la mantilla a la cabeza y formó parte de la peregrinación hasta coincidir en la aldea del Rocío con otra gran devotas de la Virgen, de nombre Vicky Martín Berrocal. Era como una peregrina más, pero sin serlo. La hija de Florencio Gómez-Cuétara aparecía vestida con una falda negra con lunares blancos, una blusa negra y la medalla de la hermandad. Acudía a la aldea almonteña para venerar a la Virgen del Rocío y luego posaba con el clan de las Berrocal para terminar de proponer su regreso a la vida social. La historia de Cuétara se remonta a más de un silo atrás. Fue en 1916 cuando dos de los seis hermanos Gómez-Cuétara, Juan y Florencio, se fueron a probar suerte a México con una mezcla de modestia y ambición. Luego se unirían los otros cuatro. Y su iniciativa se llevaría el premio mayor: la fundación de la galleta María, que poco después exportarían a España. El resto es historia, incluida la guerra familiar. Varias generaciones se enredarían en batallas por intereses y diversas traiciones con herencias millonarias en el horizonte. Y así hasta añadir un nueva rama a estos conflictos: la sentimental. La protagonizaron Silvia Gómez-Cuétara -nieta de Florencio Gómez-Cuétara, uno de los fundadores originales de la compañía- y su exmarido, Juan Antonio Pérez Simón. Los hermanos emigrados a México formaron las distintas ramas familiares y luego, algo normal en este tipo de tinglados empresariales, sus hijos fueron ocupando puestos clave en el imperio. Y, claro, era cuestión de tiempo -muy poco en realidad- que aparecieran los primeros desencuentros. La tercera generación, la de Silvia Gómez-Cuétara, crecería acostumbrada al glamour y la admiración que todo un país asumía hacia la figura del triunfador, que también marcaba los tiempos de la crónica social. Y esta mujer se coronaría como empresaria por la mañana y socialité en la tarde-noche. Una gran figura de la alta sociedad madrileña. Su irrupción definitiva en las portadas llegaría con su matrimonio con el empresario Luis García-Cereceda, dueño de Procisa, la empresa constructora de la exclusiva zona residencial madrileña La Finca. Poco más que decir: dinero a espuertas. Más tarde, y durante más de una década, Silvia Gómez-Cuétara mantendría otra comentada relación amorosa con el multimillonario Juan Antonio Pérez Simón, uno de los mayores coleccionistas de arte del mundo y socio del conocidísimo Carlos Slim. La pareja era símbolo del triunfo y el glamour. Una fiesta no era lo suficientemente distinguida si no estaban ellos. Pero llegó la inesperada ruptura, y con versiones contradictorias de las partes. Ella filtraría que Pérez Simón la habría dejado en un momento de flaqueza, coincidiendo con un diagnóstico de cáncer que ella mantuvo en estricta privacidad. Y él habló de «terceros». A estas alturas, todavía no se sabe quién dejó a quién. No había vuelta atrás y llegaría la separación. Y con ella, junto a su enfermedad, el adiós de Silvia Gómez-Cuétara a la vida social. Se retiró de todo para apoyarse en su familia, especialmente en sus hermanas, Mónica y Eva, además de sus hijos y nietos. Y así hasta reaparecer en El Rocío junto a Vicky Martín Berrocal. ¿Su regreso definitivo?
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